Una coña marinera

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Es conocida la coplilla de que PSOE y PP, la misma “materia” es. Añádase que ambos han tenido sendos ministros de Interior “para nota”..; uno, por condecorarse a sí mismo, si bien no se consumó  tras la airada reacción popular y ser pasto de todas las chirigotas, y el otro, por condecorar a la Virgen del Amor, lo cual, para ser España un estado aconfesional, tampoco está nada mal y aunque también se montó el jolgorio, esta sí se materializó. 
Podría decirse de ambos, coloquialmente, que “están medio para allá” y también que de tal nos vale ser país de ocurrentes porque reirse de la situación y de la acción de los gobiernos, a veces auténticas afrentas, no deja de servir para relajar y rebajar tensión, cabreo y conflicto. No digan que no tiene guasa decir: “Tiene gracia, pagamos a unas personas 6.000 euros/mes de sueldo y 1.000 más para comer y dormir, para que nos digan que los demás podemos vivir con 645 euros”.
Y este: “Clase de Gramática: “Este home non vale para nada”; pregunta: ¿onde está o suxeito? Resposta: ¡No Congreso!”.  Y este otro: “Te pones enfermo y no hay ambulancia para llevarte al hospital... Vas a 125 km/h y hay un helicóptero último modelo para multarte”. 
¡Y este otro, este otro!: “Pregunta: “Decir una actividad con un total de cuatro meses de vacaciones, donde se roben dietas y viajes, no se penalice el absentismo y para la que no se requiera titulación”. Si dudan, usen el comodín de la guasa primera. Sería la cosa para troncharse si no conllevara una lenta degradación de la democracia a fuerza de sin sentidos y en lo que aquellas acciones de los ex-ministros aludidos no dejan de ser la punta del iceberg: como país, somos una coña marinera, por decirlo a tono. Entre ellos, alguna legislación; no se olvide que el poder legislativo radica en el Parlamento, dónde se sientan, cobran y vacacionean los personajes insinuados en las guasas anteriores y ahí llegan gracias exclusivamente a nuestro voto, el ejercido y el dejado de ejercer en las elecciones, tolerante primero con que vayan incluídos en las listas electorales.
En una viñeta del gran Forges, publicada el pasado día 6, se puede ver a un solitario paseante con su mascota, que razona: “Incomprensible...Cada vez más pobres y cada vez les votan más...”
Retrata el país: pues eso, una coña marinera. Con nuestro voto y ausencia de voto, detrás de lo uno y de lo otro hay un ciudadano, consentidor y responsable. Pero, ¿quiénes ejercen hoy el voto? 
En el Ejército se cuelan (¿no los detectaron o valían igual?) unos degenerados, violadores, como oficiales de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. ¿Pueden votar? El degenerado de los vídeos de alto contenido sexual y violencia contra niños, del que supimos en los Telediarios del pasado día 3, ¿también puede votar? Los trollers, sobre esos casos que conocemos a través del nuevo programa televisivo, calumniando e injuriando públicamente desde su cobarde anonimato a personas inocentes, ¿también votan? Todos estos canallas, psicópatas, pervertidos, enfermos mentales, violadores, pederastas, los que ya han sido trincados y los que siguen por ahí, anónimos, en libertad; que no son casos aislados, que cada vez parece que hay más por la laxitud de las leyes, ¿votan y legitiman con su voto la democracia?
Pues sí, pueden votar. Salvo aquellos casos, tasados, que tengan suspendido el derecho de sufragio activo (Art.3 LOREG), pueden votar y siempre habrá un “voto carroñero” al que no le haga ascos saber que le debe el escaño a estos depravados y, en agradecimiento, este pase a velar por los derechos de “estas minorías”. 
Si no, no se explica que tenga más derecho a salvaguardar su cara y su honor el pederasta, el violador, el psicópata, ¡un Miguel Ricart salido de la cárcel a cara tapada para no ser nunca más reconocido! Y encima suelen ser todos reincidentes. 
¡Pero cómo no va a tener derecho el ciudadano que se comporta con “la diligencia media de un buen padre de familia”, como reza el Código Civil, a saber qué cara tienen estos h.d.p. que le rodean! Pues el Estado los ampara (esos que usted ha votado), los jueces parece que también y esa ley que es igual para todos, también, a pesar de que a estos desaprensivos después de hacerla le tapan la cara mientras que, por ejemplo a las personas llamadas célebres, en virtud de primar –en este caso, sí– el derecho a la información sobre el derecho al honor, quedan expuestas y estigmatizadas de por vida cuando a alguien se le ocurre contar algo y echarles bazofia encima. ¿Es o no una coña marinera?

Una coña marinera