Ismos contemporáneos

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Con el pasado construimos nuestro futuro todos los días. Todo ya sucedió. Únicamente nos repetimos. “Nada es nuevo… ni nadie puede decir una cosa nueva porque ya existió en los siglos anteriores… ¿Qué es lo que hasta aquí ha sido? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que se ha hecho? Lo mismo que se ha de hacer”. Esta reflexión bíblica a la que doy vueltas y revueltas me sobrecoge por su honestidad. Similar al máster sobre José Antonio Primo de Rivera que ha llegado a estas alturas del partido a mis manos. Lo organiza Plataforma 2003 hacia el mundo panhispánico y dirige Jaime Suárez, encabezándolo con un párrafo del testamento del fundador: “Me asombra que, aún, después de tres años, la inmensa mayoría de nuestros compatriotas persista en juzgarnos sin haber empezado, ni por asomo, a entendernos”.
Todavía hoy vivimos los ismos como movimientos políticos de vanguardia. Nazismo, fascismo, peronismo, falangismo, boliviarismo, comunismo y alguna adlátere más. Todos regidos por el poder absoluto y la falta de libertades. En el libro de sus luchas Adolfo Hitler propugnó la grandeza de la raza aria y el sometimiento de las otras naciones a la bota claveteada del soldado. Benito Mussolini aludió a los profetas fúnebres que vaticinasen la muerte de su ideario… solo quedará de ellos el polvo del olvido y la derrota. Los descamisados de Perón tiraron por la borda una Argentina próspera y poderosa al columpiarse en pompas de jabón y renunciar al trabajo. En España las camisas azules se multiplicaron en 1936 como hongos tras día lluvioso y fueron utilizadas para comentar mil fechorías al tiempo que se prostituía su ideario. Hoy el populismo se escribe con patente de Pablo camino de Venezuela, platós televisivos, escraches, twitter y asaltos callejeros a quienes piensan distinto. Como tuétano al comunismo con sus genocidios, depuraciones y lavados de cerebro desde el cero al infinito… 

Ismos contemporáneos