La terca realidad

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Tengo reducidas a una máxima de andar por casa, muy poco seria y escasamente filosófica, las profundas reflexiones de Karl Popper sobre la realidad; en definitiva la conclusión a la que llegue después de haber intentado bucear en la profundidad del filósofo de los tres mundos, es que la realidad es terca como una mula. Ya sé que es simplificar demasiado, pero vale para enfrentarse a unas situaciones que si bien siempre han estado vigentes, ahora son un problema en esta España dislocada.
Viene esto a cuenta de la decisión la Junta Electoral de Guipúzcoa que ha resuelto que Arnaldo Otegui no puede presentarse como candidato a lendakari de EH Bildu a las elecciones vascas del próximo 25 de septiembre, ratificando la sentencia de la Audiencia Nacional que le inhabilitó para ejercer un cargo público hasta 2021 al ser condenado en el año 2011 por pertenencia a ETA. Naturalmente que caben recursos –y EH-Bildu los agotará todos como es natural– hasta llegar al Constitucional.
Pero al margen de los recovecos de la Justicia y las sentencias, está la realidad que todos entendimos desde el principio: va a ser que no. Y por ahora es que no. Y el camino que les queda es acogerse a las instituciones que rechazan, cumplir con la Ley que no les gusta y esperar que a que esa Ley les dé la razón. No hay atajos. Puede haber opiniones a favor o en contra, pero no hay más que una solución: una poco probable sentencia favorable del Constitucional.
Y es el momento de recordar el órdago del señor Otegui de hace unos días: “No va a haber tribunal, ni Estado, ni Guardia Civil, ni Ejército español que vayan a impedir que concurra como candidato en los comicios autonómicos”. Pues parece que sí porque, como recordaba acertadamente la portavoz de Justicia del Grupo Parlamentario Popular en Les Corts valencianas, María José Ferrer San-Segundo, al entristecido Ximo Puig por la negativa a Otegui, “los derechos políticos no son superiores al cumplimiento de condenas por delitos asociados al terrorismo, ni permiten quebrantarlas”. Qué le vamos a hacer. Cada cual tendrá su opinión sobre la si es mejor o peor tener a Otegui en las listas, unos con buena voluntad y otros con una voluntad menos buena, pero la realidad es terca como una mula y no hace falta mandar al “Ejército español” –que más quisiera Otegui– para no incluirle en la listas o incluirle en contra de la Ley y entonces las listas no serían más que papel mojado a todos los efectos. Todo es mucho más sencillo, es la Ley en un país democrático que se basa en un estado de derecho.
Y esto que digo sobre el caso Otegui, es lo que vengo diciendo de la ya aburrida “desconexión” unilateral de Cataluña con el resto de España: lo que no puede ser, no va a ser y además es imposible. Ya pueden hacer declaraciones solemnes y planes de ruta, gastarse millonadas en propaganda en lugar de dedicarlos a la sanidad... No puede ser. Y que estén seguros tanto Otegui como los independentistas, de que no hace ninguna falta sacar los carros de combate a las calles. Se trata de la ley de un estado que está representado y reconocido en todas las instituciones europeas y mundiales y contra el que no resulta ni siquiera viable competir por las bravas. Las cosas son así y la democracia, que respeta a las minorías, lo que no puede hacer es convertirse en esclavo de ellas ni actuar a su dictado.  

La terca realidad