El Ferrol que dejó de ser “del Caudillo”

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Un 4 de diciembre de 1892 nacía en Ferrol Francisco Franco Bahamonde. En aquella época, nadie se hubiera imaginado que aquel niño criado en el seno de una familia ferrolana de clase media llegaría a ser uno de los dictadores más importantes del siglo XX. Su vinculación con su ciudad natal fue, aunque solo de manera oficial, constante a lo largo de los casi 40 años de su dictadura.
El 30 de septiembre de 1938, poco antes de terminar la guerra, su cuñado, ministro y mano derecha Ramón Serrano Suñer decidió que la ciudad del Generalísimo cambiase de nombre por El Ferrol del Caudillo. De este modo, el nombre de la urbe y el dictador estuvieron, desde entonces, irremediablemente ligados.
En los años 50, el ayuntamiento de Ferrol se hizo cargo de la rehabilitación y ampliación de la casa natal del jefe de Estado, una modesta vivienda situada en el número 108 de la calle Frutos Saavedra, hoy calle María, en el centro de la ciudad. Hay quien dice que fue la propia Carmen Polo la que quiso realizar las obras, ya que consideraba que la casa natal tenía que reflejar la categoría social alcanzada por su marido.
No obstante, quien pagó las obras no fueron los Franco, sino el ayuntamiento, o mejor dicho, los ferrolanos. Y no solo las obras, sino también todos los gastos de mantenimiento de la vivienda (agua, luz, conserjes, tributos, etc.) ya que el matrimonio residía en el Pardo. Los distintos gobiernos franquistas creyeron que conservar y lucir en buen estado la casa natal de Franco en Ferrol daría un mayor prestigio a la urbe y todos sus gastos salieron de las arcas municipales.
Asimismo, la vinculación de la ciudad natal con el general se tenía que culminar con la construcción de un monumento que recordase sus heroicidades a sus convecinos. Ya El Ideal Gallego recogía en noviembre de 1936 las pretensiones del bando nacional de acometer esta tarea: “En el Ferrol se levantará un monumento al general Franco como recuerdo perenne a su gesta heroica de oponerse a la invasión masónica” (10/11/1936), pero lo cierto fue que dicha estatua no se erigió hasta 1967 y se situó en la plaza de España, una de las arterias de entrada al casco histórico de la urbe. 
Ese mismo año, el alcalde franquista Rogelio Cenalmor le regaló al Generalísimo un panteón en el cementerio municipal, “en atención a la gran deuda de gratitud que esta ciudad tiene contraída con su hijo más ilustre, el excelentísimo señor don Francisco Franco Bahamonde”, como recogen los archivos municipales. 
Sin embargo, tras la llegada de la democracia, Ferrol empezó a iniciar su camino de “desfranquización” para quitarse el estigma que la dictadura le había puesto durante casi cuatro décadas.
La primera medida tomada fue la supresión de los gastos de conservación de la casa del ya entonces exjefe de Estado, en septiembre de 1979. Durante más de 40 años los ferrolanos se habían hecho cargo de su mantenimiento. En diciembre de 1982 el pleno municipal decidió volver a cambiar el nombre a la ciudad quitándole la coletilla de “el Caudillo”, y en 2002 el gobierno local retiró la polémica estatua del dictador a caballo levantada décadas atrás en la céntrica plaza.
En la actualidad, ante la inminente exhumación de Franco del Valle de los Caídos, las miradas han vuelto a recaer en ese nicho que podría albergar los restos mortales del dictador, y en cuyo interior están enterrados cuatro parientes cercanos (los abuelos paternos, una tía y una hermana). Como tónica general en los Franco, la familia nunca ha pagado las tasas municipales correspondientes a la titularidad de un panteón en el cementerio municipal, y sumado a la dudosa concesión que en 1967 se le otorgó al general, el gobierno local ha decidido revocar la titularidad de la tumba para evitar un posible retorno de los restos del dictador a la urbe.
En todos estos años, Ferrol ha intentado alejarse de la figura de Francisco Franco, y los ferrolanos han rechazado mayoritariamente cualquier vinculación con la imagen franquista que se le pueda dar. Sin embargo, todavía hay gente fuera de Galicia que sigue refiriéndose a la ciudad como “El Ferrol” e incluso en algunas ocasiones con la muletilla “del Caudillo”.
Ferrol no quiere albergar los restos de Franco. Ferrol dejó de ser “del Caudillo” hace mucho tiempo, si es que en alguna ocasión lo fue de verdad.
 

El Ferrol que dejó de ser “del Caudillo”