LA LEGITIMIDAD DE LOS POLÍTICOS Y LA CORDURA DE LOS CIUDADANOS

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La curiosa sesión de investidura, con un día de descanso para sus señorías, no vaya a ser que se estresen así, ya de entrada, da el turno hoy a la oposición. Los portavoces dirán desde la palestra del pazo do Hórreo lo que ya señalaron al término del discurso del presidente y es de suponer que con palabras un poco menos gruesas, todos menos Beiras, a quien ya se le ha conferido el papel de doberman de la oposición.

Ojo, que Beiras está encantado con ese rol. Y lo alimenta cada vez que ve un micrófono. Lo hizo antes y lo hará ahora y si es necesario se quitará otra vez el zapato y, si hace falta, le estrechará la mano a Feijóo y, por el medio, el BNG se dará cuenta de lo mal que lo hizo al echar por la puerta de atrás a ese dandi entrado en años que, embutido en lino, tiene más carisma que Jorquera y Guillerme juntos. Ni aunque nacieran diez veces le igualarían.

Pero la política es así y los que ayer fueron cadáveres nada hermosos, renacen a los cuatro años para convertirse en la esperanza de la izquierda gallega, de los jóvenes, que encumbran en las redes a su líder, el mismo que arremetía sin rubor contra Fraga cuando este se negaba a retirarse y que ahora, pisa las alfombras del Parlamento con sus septuagenarios huesos, más incluso que el político de Vilalba cuando se presentó por última vez a unas autonómicas.

La cuestión es que ese Beiras histriónico e inteligente como pocos es, tal vez, el único legitimado para debatir con Feijóo. Por supuesto que Vázquez y Jorquera lo están desde el momento que han accedido a su escaño gracias a los votos de los ciudadanos. Pero esa presencia es el fruto de un gran fiasco, de una caída en el apoyo de los suyos, lo que, en cierto modo, los marca. Se quedaron, aunque una postura más digna sugeriría que tendrían que haber dado un paso a un lado. Por eso, sus mensajes desde la tribuna sonarán un poco más huecos de lo que habitualmente lo hacen.

Hablarán de recortes e intentarán hacernos creer que suponen un ataque contra los derechos fundamentales de los ciudadanos. El problema es que serán pocos los que les compren su discurso.

No lo consiguieron durante las elecciones y tampoco lo van a lograr ahora. Por ello, resulta difícil de entender por qué, de una puñetera vez, no se dejan de tonterías y demuestran que, además de políticos, son humanos, tal vez con menos problemas que el resto de los mortales para llegar a fin de mes, pero humanos, al fin y al cabo.

Si los ciudadanos creyeran que hay algún modo de salir sin sufrimiento de esta en la que estamos metidos, no hubieran renovado su confianza a Feijóo. Incluso, habrían tomado más de una vez el Congreso para correr a gorrazos a sus señorías. Sin embargo, por suerte para estos, los gallegos y los españoles han demostrado en estos últimos años mucha cordura. Tanta que casi da miedo.

LA LEGITIMIDAD DE LOS POLÍTICOS Y LA CORDURA DE LOS CIUDADANOS