La pérdida de España

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Supongo que el título habrá sido acogido de forma muy distinta, por quienes lo vean como una posible tragedia o por quienes lo consideren como una estupenda posibilidad. En realidad nada tiene que ver con lo que pueda pasar en un futuro más o menos inmediato. Se trata de una expresión con la que se suele aludir a la conquista y destrucción del Reino Visigodo de Toledo por los musulmanes en el siglo VIII. El término fue acuñado por los cronistas e historiadores cristianos que sobrevivieron al quebranto, sin aceptarlo como algo definitivo. Todo lo contrario que los conquistadores, dispuestos a dominar para siempre en lo que ellos llamaron Al-Andalus.
Lo cierto es que, a diferencia de lo que ocurrió en otros casos, la ocupación de España por los musulmanes no fue definitiva. Al principio todo fue muy fácil y los islámicos se llevaron por delante al pobre de don Rodrigo y penetraron por toda la Península; también por Galicia. El problema estuvo a la hora de ocupar realmente los territorios, los jefes árabes se quedaron sobre todo en la soleada Bética y en Levante, mientras dejaban a los bereberes africanos que formaban parte del ejército de ocupación, en las húmedas tierras del Norte. A estos últimos no les debió gustar mucho el reparto, así que se largaron; lo que provocó que los territorios al Norte del Duero, incluida Galicia, no llegaran a estar bajo dominio islámico más de 30 o 40 años.
O sea, que lo de la pérdida de España del 711 solo fue parcial y, desde la perspectiva de los cristianos del Norte, astur-galaicos, cántabros e, incluso vascones, temporal. Por su parte, algunos cristianos del Sur, que habían quedado bajo dominio islámico, y estaban bastante cabreados, huyeron al Norte y acabaron convenciendo a las aguerridas gentes de aquellas montañas olvidadas, ya de por sí peleonas, de que si se había perdido España, lo que había que hacer era recuperarla. Incluso aseguraron que había una profecía en la Biblia, que se refería al asunto. Así nació una idea que más tarde se llamaría la Reconquista, una idea bastante fantasiosa al principio, pero que con el tiempo fue tomando forma. 
Es verdad, que los que profetizaron una pronta recuperación del territorio perdido por los cristianos, se equivocaron. Pero, a la larga, el fracaso del Califato de Córdoba y las ganas de echar a los musulmanes, a las que enseguida se unieron los condes de Barcelona y otras autoridades pirenaicas, acabaron por hacer realidad  lo que no habría de ocurrir en ninguna otra parte del mundo, que un país islamizado dejara de serlo. Sólo una entidad del peso específico tan profundo como España fue capaz de sobreponerse a semejante prueba. Esperemos que lo pueda seguir haciendo.

La pérdida de España