EL DEPORTE ESPAÑOL

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La edad de oro que vive el deporte español no es fruto de la casualidad, ni de las trampas, sino de años de trabajo y correcta planificación. Por eso, resultan especialmente inadmisibles esas injustas y zafias campañas difamatorias que algunos han emprendido en Francia contra nuestros atletas.

Sin embargo, comprendo que les aburra vernos ganar. Y es que también yo me cansé en su día de escuchar en honor a los ganadores, “La Marsellesa”, “Barras y Estrellas” o “God save the Queen”. Hablo de mediados de los 70. Entonces era sólo un niño y no entendía por qué “esas cosas” (Mundiales, F1, Copa Davis etc.), nunca las ganaban los españoles. Ahora sé lo que pasaba. Más allá de algún genio, eran épocas de raquitismo deportivo. Hacíamos deporte de manera artesanal, en la calle, en jardines y donde podíamos. Casi no había infraestructuras y salvando el fútbol, el asunto sólo interesaba a una minoría.

Por suerte las cosas fueron cambiando. A medida que la democracia se consolidaba, comenzamos a progresar a pasos agigantados y el deporte no fue una excepción. Especialmente importante fue el esfuerzo acometido por ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas para dotar a los barrios y poblaciones más pequeñas de instalaciones. Después llegaron los mundiales, el mecenazgo del plan ADO y las olimpiadas. Hoy en día nuestros deportistas son una publicidad impagable de la marca España. Y, lo que es más importante, su ejemplo ha servido para que la práctica del deporte, se haya popularizado, al margen del sexo, la edad o la condición social.

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