INCENDIOS E INCENDIARIOS

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Galicia arde porque le plantan fuego. Es una obviedad, pero esa afirmación compendia las causas de los incendios que este verano –como los anteriores– asolaron al país: la imprudencia y la irresponsabilidad en algunos casos, la mala fe y la defensa de intereses ocultos en otros y los silencios cómplices en todos.  
El fuego en los montes es la expresión de un fracaso colectivo de toda la sociedad gallega. En primer lugar, un fracaso político por la nula planificación económica del sector forestal. Porque la única política contra la quema de los montes son los ojeadores del servicio de extinción de incendios apostados en los puestos de vigilancia de la cima de las montañas para detectar el humo y avisar de inmediato a las brigadas para que acudan a apagar el fuego.
Así un año tras otro, con este Gobierno y con los anteriores, sin que se vislumbre un plan coherente de prevención y, sobre todo, de aprovechamiento de las potencialidades de esa inmensa riqueza que tiene Galicia en sus montes.
En segundo lugar, un fracaso educativo. Carecemos de una política educativa que inculque el respeto y cuidado del medio natural y del paisaje dirigida no solo a los escolares, sino a toda la sociedad en cuyo seno están los incendiarios que queman nuestros parques naturales y nuestros paisajes de ensueño, una riqueza que nos pertenece a todos. También en esto, educar es una inversión de futuro.
En tercer lugar, fracaso por la inacción de la justicia. Nadie entiende que individuos pillados in fraganti o que se confiesan autores de un incendio sean puestos en libertad y no paguen por esos delitos. Puede que la legislación tengan lagunas, pero es muy preocupante que los pirómanos anden sueltos porque son mayores, están solos y deprimidos, porque actúan por primera vez o han tenido un descuido.
“Tiñamos asumido que ardería algún día, isto non ten remedio”, decía un vecino de O Pindo tras el desastre ecológico y económico del fuego. ¿Tenemos que resignarnos a ver como arde Galicia? En las cuestiones de país, como es esta, los políticos deberían olvidar el corto plazo electoral y sentarse con los técnicos para elaborar un plan estratégico de largo alcance que reorganice y ponga a producir los montes para que generen riqueza para todos. Ese es el remedio para acabar con los fuegos porque en otros países y en amplias zonas de Galicia la rentabilidad frena los incendios y los incendiarios.

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