LIBERTAD DE EXPRESIÓN A DIARIO

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Ver a Hollande y a Merkel de ganchete, como si fueran tan panchos a dar una vuelta por las rebajas, es la imagen más curiosa que dejó la manifestación del pasado domingo en París para condenar los asesinatos en la redacción del semanario satírico Charlie. Pese al buen rollito, el que la montó fue Benjamin Netanyahu, que acabó en primera fila, dando el brazo a un señor negro que pocos conocían pero que venía siendo el presidente de Malí, Ibrahim Boubacar. Al parecer, Netanyahu no estaba invitado pero se empeñó en ir, así que Hollande se mosqueó y llamó a Abu Mazen para tocarle un poco las narices. Lo que vienen siendo complicadas maniobras de alta diplomacia. Mucha liberté, mucha égalité y, sobre todo, fraternité a cascoporro. Eso sí, el judío y el palestino no cruzaron palabra.
Todo, dicen, en defensa de la libertad de expresión. Y ahí está el chiste, porque en la marcha estaban, entre otros, el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, plusmarquista mundial de encerrar periodistas, o el primer ministro húngaro, Viktor Orban, gran fan de la libertad de expresión. Tanto, que se le ocurrió poner un impuesto por conectarse a internet, aunque reculó en el último momento, cuando la UE le tuvo que explicar que no era algo muy demócrata. El primer ministro marroquí no fue porque había caricaturas de Mahoma. Igual es que no se enteró bien de por qué se había montado la manifestación.
Enternece ver a dirigentes de medio mundo apoyar la libertad de expresión. Pero, sin llegar al extremo del asesinato, los periodistas sufren ataques constantes. Desde las llamadas del poderoso de turno al director del medio para que eche al redactor que no le gusta cómo escribe, hasta la decisión de organismos oficiales de discriminar a quién se filtran las noticias, todos esos son golpes diarios a la libertad de prensa. Eso sin hablar de la autocensura de los propios medios o la precariedad económica que hace más difícil todavía ser libre.
Ojalá el buen rollito de los políticos les dure cuando regresen a sus palacios y recuerden que respetar el artículo 19 de la Declaración de los Derechos Humanos pasa, entre otras cosas, por dejar que los periodistas puedan hacer preguntas en las ruedas de prensa. Entonces, y solo entonces, podrán decir bien alto: “Je suis Charlie”.

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