MURO

|

Mientras vuelven los muros y abro un libro que promete, “La agonía del Eros”, del coreano-alemán Byung-Chul Han, donde leo que “la depresión es una enfermedad narcisista”, pienso que hay que tener cuidado con las pastillas que nos adentran demasiado en el fondo de nosotros mismos.
Cayó el muro de Berlín pero se levantaron otros sigilosamente, casi sin darnos cuenta mientras lo celebrábamos. ¿Nos morimos de éxito? ¿Se nos hinchó la boca de hablar en la fiesta? Ahora poco a poco nos vamos helando, teniendo frío. “El sujeto narcisista-depresivo está agotado y fatigado de sí mismo”; el sujeto moderno hinchado de tanto aplauso.
Cazamos figuritas de hielo que se nos derriten en las manos como las palabras. Aquí pertrechado, me libro de las palabras de esta nueva cita electoral donde ellas me invitan a deprimirme, donde nadie habla de nada reconocible y los nuevos vendedores de medidas, como luchadores callejeros, nos meten miedo con sus bravuconadas. Miro una foto de Vari Caramés, donde la niebla cubre  la mitad de un puente, de cualquier puente, y me tranquiliza el misterio, solo oigo el sonido del río que se supone que está debajo. En el puente neblinoso hay todas las posibilidades cuando la niebla levante, quién sabe cómo estará el día. Prefiero este puente a los que tienen los billetes de los euros, claros, diáfanos, líquidos.
No sé lo que hacen los eurodiputados en Europa fuera de la susodicha cantinela “la política hoy se hace en Europa”. ¿Cómo se puede querer más lo que está lejos que lo que está cerca? ¿Por qué voy a querer a Europa si mi ciudad está hecha un asco? ¿Por qué voy a querer a una Europa que permite que se tambaleen la Justicia, la Educación o la Sanidad? Una Europa que hace emigrantes a los míos por necesidad y que no sabe quién era Valle Inclán, o se cree que es el nombre de un hotel de las Rías Baixas. Europa es un muro psicológico que nos tiene a todos los ciudadanos empastillados y al borde de la depresión, después de unas décadas de euforia. Somos actores y víctimas de esta verborrea europea que se deshace por el este y por el sur, mientras Inglaterra juega con las cartas marcadas y Alemania nos  engaña con el muro.

MURO