LA LECHE

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Imagina la teta al aire y la leche mojando el pezón, atrapado por los labios de una pequeña criatura. Imagina esta escena tan bonita y natural en la sala noble, para nosotros la Pecera, del Casino. Las miradas sucias de rancios hombres del siglo pasado apuntando a la madre, los ceños fruncidos de sumisas mujeres con nombres raros hechos a base de diminutivos en el oscuro escenario de tintes aristocráticos situado, como no podía ser de otro modo, en la calle Real. Imagina a la mujer y a su marido pidiendo explicaciones cuando le dicen que allí no puede alimentar a su bebé. Imagina lo que les respondió el presidente de la entidad, en nombre de la misma y de la virgen María. Imagina que las madres se organizasen para alimentar a sus bebés delante del escaparate, como a mí me gusta llamarle, ¿qué harían, bajarían las persianas para no verlo? ¿Mirarían hacia dentro? Me refiero hacia dentro del Casino, claro. Hacia el interior no creo que miren mucho, esto dicho así, en general. Los socios de tan ilustre entidad son más aficionados al escaneo puro y duro, ya sea vertical u horizontal, pero nada de profundidades. Para profundo el océano, la voz de Chico, la guitarra de Dani Black y tu voz haciendo los coros desde allí arriba.
Al presidente del Casino no sé si le habrán dado el pecho, pero a mí sí, y así salí, por eso escribo las cosas que escribo. Por eso y por alguna razón más. Los días pasan sin cesar y hace unos días te pregunté a ver si sabías cómo se iba a titular el de este domingo y casi aciertas. Muchas veces coincidimos, quizás porque a los dos nos dieron teta. Tampoco nos gustan las barreras ni los rebaños de borreguitos. Ya pronto hará frío y las mujeres del Casino lucirán sus armiños. Eso sí que no les da vergüenza.

 

LA LECHE