Otros tiempos

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Ya nada es lo mismo. Como han cambiado los tiempos en que encontrar un puesto de trabajo era simplemente asequible, para la mayoría de mortales, hasta el punto de tener la posibilidad incluso de elegir la empresa o actividad en la que uno quería desarrollar sus habilidades profesionales. Actualmente, con más de tres millones de parados, es un privilegio firmar un contrato de trabajo y mucho más que se respeten unas garantías mínimas de temporalidad, retribuciones salariales acordes al convenio colectivo, vacaciones anuales retribuidas, jornadas de cuarenta horas… . Es decir unos derechos laborales básicos que cada vez están más en precario y que nuestros responsables políticos se encargan de recortar sin tener en cuenta los derechos laborales adquiridos. 

Estamos llegando a situaciones hasta ahora inimaginables, como el caso de miles de trabajadores, de mediana edad, que nunca pensaban estar en paro y sin expectativas de encontrar empleo, después de más de veinte años de actividad laboral ininterrumpida. Trabajadores con varios años en situación de desempleo y sin recibir prestación económica alguna y que decir de que más de la mitad de los jóvenes, menores de 25 años, que no tienen oportunidad de estrenarse en el mercado laboral. Todas estas situaciones anómalas, que surgen en los últimos tiempos crean una sociedad desestructurada y muy frágil para las familias más  humildes, que les llevan a situaciones terminales, de exclusión social y a ser desahuciadas de sus propias viviendas habituales y a estar en paro sin prestaciones. 

Muchos creemos y cada vez somos más, que son unos momentos apropiados para pensar más allá de nuestro propio ombligo y practicar la solidaridad activa. No hace falta ser un intelectual ni tener mucho dinero o bienes materiales, es cuestión de voluntad y de querer ser útil a la sociedad en la que estamos inmersos si de verdad queremos salir, lo antes posible, de este gran pozo en el que hemos caído y que de manera individualizada nunca podremos salir. 

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