La quinta planta

|

Temor, tristeza, angustia, desesperación, cansancio. Todo esto se mezcla en los rostros desencajados de decenas de personas que, cada día, pasan por la quinta plana del hospital. Las horas interminables, sentados en un sofá, mientras invaden sus cuerpos, a través de la sangre, diversos remedios que pretenden combatir la terrible enfermedad, el cáncer.

Un gran televisor, sin funcionar, sirve de división a las dos filas de pacientes, mientras los sanitarios no paran de ojear y controlar los aparatos y hablar con los enfermos Algunos ya son más que conocidos y la confianza se refleja en algunas de las conversaciones, Son muchas las semanas y los meses de intenso tratamiento, para algunos.

Lo cierto es que la enfermedad no entiende de edad, raza, nacionalidad o estatus social. Algunas personas, en situación de vulnerabilidad, ponen de manifiesto ciertas dificultades para desplazarse, cada semana, a la capital de Galicia. Preferían que, estos tratamientos, les fuesen suministrados en los hospitales comarcales del Barbanza, Cee, Vilagarcía o cualquier otro que está más cerca de sus domicilios. Sin duda habría más empleos y menos perjuicios para los pacientes.

Todos coincidimos que la sanidad pública debe estar al servicio de todos los ciudadanos, en igualdad de condiciones. No obstante los gobernantes no se cansan de justificar los recortes, que afectan a los Derechos Fundamentales, por culpa de la mal denominada deuda. No importa que esté en juego la salud de las personas, lo necesario es cuadrar las cuentas.

Esta falta de inversión en investigación para la salud hace que muchos profesionales sanitarios se unan para movilizar a la sociedad civil en busca de los recursos económicos necesarios de cara a la puesta en marcha de una medicina preventiva y reparadora menos agresiva para las personas. Una muestra más de que la sociedad civil va por delante de la clase política que se preocupa mucho más de mantenerse en sus despachos que dar una respuesta valiente a las demandas ciudadanas y a velar por los intereses generales.

La quinta planta