Sociedad caníbal

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afuerza de poner en práctica la ley de la selva, hemos creado una sociedad que invita a no pensar sobre las consecuencias de nuestros actos; porque cuando las personas que consumen productos realizados por menores explotados, no se sienten culpables por ello, y los maltratadores del planeta creen tener mejores cosas en las que pensar que en la conservación y durabilidad de la tierra que habitan; no puede sorprendernos en absoluto-por ejemplo- que haya hombres que machaquen a sus mujeres, ni niños acosados por sus compañeros.
En el preciso momento en que los individuos integrantes de un grupo deciden no reflexionar sobre las consecuencias que tiene el abuso de cualquier índole, participando o decidiendo mantenerse al margen mientras miran hacia otro lado queriendo creer que la omisión no es una acción con consecuencias morales; se propicia el caldo de cultivo perfecto en el que el ser humano se acaba convirtiendo en un lobo para consigo mismo y para con sus semejantes; generalmente por medio del acoso o la falta de respeto absoluta hacia su prójimo.
Es curioso observar como aquellos que se burlan de sus congéneres y menosprecian la tierra que pisan, suelen ser personas que se agazapan bajo la coraza de una seguridad y un discurso aprendidos, cuando en realidad destilan inseguridad por los poros. Siempre es igual. Solamente hay que recurrir al sabio refranero popular. Dime de qué presumes y te diré de qué careces; y es que la vida de todos- en general- se ha convertido en un espacio rápido, egoísta e impersonal; donde nadie te mira porque a nadie impresiona ver más de lo mismo, ya que el exceso de información ha curtido nuestras retinas y mermado la capacidad de sorpresa por parte de las entendederas de todos… Y he ahí donde surge la frustración de los más reprimidos, ya sea por su deseo de demostrar supremacía a cualquier precio, o por la necesidad de convencerse a sí mismos o a aquellos que los aplauden, de un valor inexistente.
Vivimos inmersos en una sociedad caníbal, plagada de depredadores de traje oscuro y de promulgadores de conductas intachables que, muchas y muchos de ellos, son incapaces ya no solamente de sostener, sino de llevar a la práctica. Habitamos una sociedad hipócrita, basada en las apariencias y en la ley del más fuerte; así que no pueden sorprendernos los abusos de cualquier índole ni la ausencia de condenas ejemplarizantes. Mientras los que nos manejan logren que estemos entretenidos con famosos que no han hecho nada relevante para serlo, seguiremos compungiéndonos viendo las noticias y- tras secarnos las lágrimas- estaremos listos para entrar por medio de la caja tonta en un concurso en el que ganará aquel que logre no ser infiel a su pareja durante una semana. Mientras, por supuesto, cruzaremos dedos para que sí lo sea, de tal modo que logremos huir de nuestra propia simpleza.

Sociedad caníbal