Conciliación, ¿de verdad?

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En plena resaca de las movilizaciones de jubilados y mujeres en defensa de sus justas causas, supimos del incumplimiento presupuestario para la atención a las personas dependientes, se abre el plazo de matrícula en las escuelas infantiles públicas gallegas para los niños de 0 a 3 años y sigue pendiente la renovación del sistema de financiación autonómico. A primera vista no lo parece, pero todo está muy relacionado para poder garantizar la conciliación de la vida familiar y laboral. Me explico.
Si hablamos de nuestros mayores, el tiempo medio para evaluar el grado de dependencia de una persona es de más de un año, al que hay que sumar unos cuantos meses más para acceder a las prestaciones correspondientes. Mientras, necesitarán de la ayuda de sus hijos para poder cubrir las necesidades básica de la persona, sea vestirse, asearse o el cuidado mínimo del hogar. Hijos, que si trabajan, se les hará cuesta arriba compatibilizarlo con su trabajo. A no ser que gocen de una economía suficiente o, incluso, se abandone el trabajo, especialmente, por parte de las mujeres.  
Por otra parte, en Ferrol nacen unos 400 niños al año y no creo que haya suficientes nuevas plazas en las pocas escuelas infantiles públicas de la ciudad. Me pregunto si la localización y el horario inicial de apertura hasta las cinco de la tarde son suficientes, cuando es posible que los papás trabajen más allá de esa hora. Claro que siempre será posible la matrícula en una privada, pero probablemente privativa para unos jóvenes padres, edad en la que sus ingresos son, más bien, bajos. Encima, si a los jubilados les bajan la pensión, difícilmente podrán ayudar a sus hijos al pago de la escolarización y, por tanto, los cuidarán en casa alejados de los beneficios de la escuela. 
Por eso, no sé de qué nos extrañamos cuando nuestros hijos dicen que no piensan en tener descendencia, con la consecuente caída demográfica, a su vez, causa de la baja tasa de actividad y, en definitiva, de una sociedad mayor y empobrecida.
Se nos llena la boca con la conciliación pero a la vista de lo dicho, no sé si quedará alguien que de verdad crea que es fácil.
La solución pasa por una mayor dotación de fondos públicos para favorecer la conciliación revertiendo la situación de ingresos públicos disminuidos por la reducción de impuestos a los que más deberían aportar y cerrando un nuevo marco de financiación de las Autonomías y mejora de la Local, encargadas de prestar los servicios de educación y bienestar de los ciudadanos. Es decir, sin base financiera pública no es posible conciliación alguna. 
ramonveloso@ramonveloso.com
 

Conciliación, ¿de verdad?