Propuesta más que razonable

|

Al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, le parece “razonable” la idea de que el alcalde salga en principio de la lista más votada. Y tanto que lo es. Porque lo que no resulta de recibo es que, en virtud de unos pactos postelectorales tejidos al margen de las urnas, el Partido Popular sólo gobierne en tres de las siete grandes ciudades de Galicia después de haber ganado en todas y cada una de ellas. O que el BNG lo haga en Lugo, Ourense y Vigo con casi 80.000 votos menos que el PP en dichas plazas. O que el PSOE sea socio de los nacionalistas en Pontevedra habiendo quedado veintiséis puntos porcentuales por debajo de los “populares”.
En buena lógica, la propuesta gubernamental no ha gustado nada a quienes se han venido beneficiando casi en exclusiva del sistema actual de reparto de las corporaciones locales. Partido Socialista e Izquierda Unida han reaccionado con su habitual tremendismo. De éstos últimos no cabía esperar otra cosa. De los primeros, sí. Pero por lo que se ve, el cambio de caras no ha implicado de momento un cambio de modales.
Los críticos han coincidido en señalar que no se deben alterar las reglas del juego en víspera del comienzo de una competición y, sobre todo, cuando el poder para hacerlo lo tiene uno de los jugadores que van a competir. Entienden, por lo demás, que la propuesta está pensada para favorecer al PP ante una eventual pérdida de poder municipal.
Los beneficios, sin embargo, para el Partido Popular podrían no ser tantos. No hay que olvidar que la propuesta se concretaría  en que tendrá la mitad más uno de los concejales –esto es, la mayoría absoluta- la lista que supere el cuarenta por ciento de los votos válidos emitidos y aventaje a la siguiente candidatura en al menos cinco puntos porcentuales. Si no se dieran una y otra circunstancia, entrarían en juego los conocidos pactos postelectorales entre partidos para repartirse la corporación y designar alcalde.
De terminar siendo así, y a la vista de los resultados habidos en las elecciones de 2011, el PP sólo recuperaría Vigo y Zaragoza de entre las grandes ciudades de toda España donde ganó, pero no gobierna en virtud de tales pactos. Cabe, en efecto, que el PP pierda apoyos  en las próximas municipales.
Pero la fragmentación del voto por la izquierda no va a ser menor, por lo que, de mantenerse el sistema actual, los acuerdos postelectorales podrían dar lugar a coaliciones superheterogéneas y a corporaciones superinestables.
Así pues, quien mayormente saldría beneficiado con la reforma no sería tanto tal o cual partido cuanto el propio sistema, el respeto a las urnas y, por lo tanto, la legitimidad democrática.

Propuesta más que razonable