Los gestos llegan desde los tribunales

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Si eres político tienes que dormir con las zapatillas puestas. Esto decía alguien refiriéndose a esa jueza de Lugo que se empeña, de cuando en cuando, en llenar los calabozos con cargos electos y con gentes de sus aledaños. Es tal su tesón que es capaz de levantar al presunto delincuente de la cama y, con las mismas, meterlo en el coche policial descalzo y en pijama.

Más allá de la anécdota, la realidad es que cada poco tiempo salta una operación judicial que deja al descubierto una presunta trama de corrupción y lo peor es que en ella aparecen involucrados cargos de todos los colores y creencias. Un espectáculo lamentable que lo que consigue es que en la ciudadanía cale la sensación de que todo lo que rodea a la política apesta.

En lugar de cuestionar la actuación judicial o de plantear dudas sobre la conveniencia de realizarla o no cerca de unas elecciones, dando a entender que detrás de la operación están los intereses partidarios de un determinado grupo, quienes se ven salpicados lo que tendrían que hacer es callar y, sobre todo, limpiar debajo de las alfombras de sus casas.

Todavía falta por saber quien es el “Pikachu” de esta “operación Pokemon”, pero, por una vez, sería bueno que sacudiera con su rayo aturdidor, como hace el personaje de los dibujos animados, a todos cuantos sabían de las corruptelas y miraron para otro lado. Es cierto que a los detenidos les corresponde el beneficio de la presunción de inocencia. Sin embargo, cada vez es más difícil conceder el beneficio de la duda al comprobar que una y otra vez se repiten las mismas denuncias y lo único que cambian son los que perceptores de las corruptelas. ¿Cuántas veces se relacionan determinadas concesiones con la financiación ilegal no solo de determinadas personas, sino también de determinados partidos?

Si a las formaciones les interesara de verdad acabar con estas sombras de las que parece que terminan por obtener algún tipo de provecho, optarían por cambiar la normativa de las concesiones, las reglas de contratación o la transparencia con la que se realiza el proceso. Pero no. En lugar de eso, optan por mantener un sistema que, a tenor de los hechos, favorece la corrupción.

Eso sí, luego se extrañan de que haya ciudadanos dispuestos a darle su voto a un exconvicto que se presenta como el salvador de la moral de Occidente. Lo extraño es que, a estas alturas, todavía haya alguna persona dispuesta a levantarse un domingo cualquiera y caminar hasta el colegio electoral a depositar su voto.

Los políticos no entendieron aquel movimiento que se bautizó 15-M. Se hablaba de regeneración y millones de personas esperaban algún gesto. El problema es que la única respuesta está llegando desde los tribunales.

 

Los gestos llegan desde los tribunales