TERRORISMO A DOMICILIO

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Es un hecho evidente que los avances científicos y técnicos no se corresponden siempre, en su aplicación, con criterios éticos y morales. Sirven, paradójicamente, tanto para el progreso como, a veces, para la destrucción y la muerte. Parece como si la humanidad estuviese condenada a que sus logros y descubrimientos se volviesen en su contra, devolviéndole mal por bien.
La anterior consideración nos permite formular algunas reflexiones sobre el actual fenómeno del terrorismo en sus más recientes manifestaciones.
El grave peligro de esta amenaza se acentúa y extiende, actualmente, porque se cuela en nuestros domicilios y en la intimidad de nuestros hogares para intentar captar a sus seguidores.
De nada vale blindar fronteras, puertos y aeropuertos si no se blindan los modernos sistemas de comunicación social, cada vez más sofisticados, como difíciles de controlar.
Ahora no hace falta acudir a las mezquitas ni oír la llamada a la oración que hacen desde los minaretes los “muyahidines” para oír y conocer la doctrina y enseñanzas de los “imanes” encargados de predicar la fe de Mahoma y dirigir el curso de las oraciones colectivas de sus fieles. 
Hoy basta con conectar el ordenador a internet o utilizar los teléfonos móviles para, desde nuestra intimidad, recibir y conocer mensajes yihadistas o cualquier otra comunicación o información de las que circulan por las redes sociales. Según esto, “La aldea global” de que hablaba el sociólogo canadiense Marshall McLuhan, se convierte en la que podríamos llamar “hogar o casa global” pues la comunicación y la información se han hecho actualmente domésticas y familiares. Tanto en una como en la otra se comprenden y difunden las consecuencias socioculturales de la comunicación inmediata y mundial de todo tipo de información, sin perjuicio de que actualmente se hace más personal y privada.
Ese carácter de confidencialidad que caracteriza la búsqueda o difusión personal de doctrinas, enseñanzas y pensamientos a través de los medios de comunicación más modernos, les confiere, a la vez, una mayor influencia y responsabilidad. “El medio es el mensaje” resumía, MacLuhan; pero éste, “no sólo puede curar sino también matar”. Todo depende del contenido, atracción y fuerza persuasiva que tenga.
De acuerdo con lo anterior, se exige una mayor responsabilidad en el uso de las nuevas tecnologías de la información y comunicación y en la elección selectiva de los valores que se quieran transmitir y divulgar.
En conclusión, las fronteras del nuevo terrorismo están en el propio domicilio y penetran en las mentes y hábitos de las personas con enorme facilidad y muy probable impunidad. La inviolabilidad del domicilio y el secreto de las comunicaciones ya no son tan eficaces para hacer frente a esta nueva modalidad de terrorismo.

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