Un Gobierno de Vox

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El “cambio” en Andalucía consistiría, para el PP y Ciudadanos, en cambiar a los del PSOE por ellos. Sin embargo, para que ese cambio apócrifo, nominal, se produzca, debe camuflar otro cambio, este sí, real y con incidencia en las vidas de los andaluces, el que impone Vox, que con sus 12 diputados no solo gobernaría de hecho al depender de sus votos la aprobación de las leyes y el diseño de las políticas, sino que obtendría lo que para las elecciones andaluzas no necesitó pero sí para las municipales, europeas y generales, los recursos de todo tipo para su campaña nacional de crecimiento y expansión.

Sabemos que el PP, del que Vox viene a ser una escisión coyuntural, no le hace asco a compartir el poder autonómico con él con tal de ver a Moreno Bonilla poniendo su pica en lo más alto del palacio de San Telmo, y que Ciudadanos, el que más se juega en el envite, no sabe cuántos ascos tiene que hacerle al partido de Abascal, Serrano y Smith, pero lo que más se sabe es que si se produce ese cambio doble, solapado, al viejo régimen clientelar del PSOE en Andalucía, salpicado de graves casos de mangancia, sucederá otro dirigido en la luz por el partido más corrupto de España, y en la sombra por el que, con razón, más miedo da.

El futuro de Andalucía no depende del acuerdo que cierren el PP y Ciudadanos, sino que está en manos de Vox. Se dice pronto, pero produce escalofríos, enmascarados tras las risas que su trasnochada parafernalia ideológica puedan dar. Vox puede hacer en Andalucía, en su beneficio, algo que ni PP ni Ciudadanos pueden hacer: lo que le dé la gana. Puede votar a favor del gobierno del “cambio” o abstenerse, puede pedir la luna a cambio de su favor o, negando este, provocar la repetición de las elecciones en la convicción de lograr mejores resultados y puede incluso constituirse en una especie de oposición al gobierno y a la oposición.

No hace falta decir que el cambio de Vox sería un cambio real, horroroso y regresivo, pero real, y no solo de poltronas y sinecuras. El cambio de Vox, diseñado desde la misoginia, la xenofobia, la laminación de la Memoria y el ultranacionalismo más reaccionario, sustraería a los andaluces una parte de lo más valioso que atesoran, la alegría de vivir sin meterse con nadie. Y de esa tristeza y de ese oprobio aún están a tiempo de salvarles los del “cambio” cosmético.

Un Gobierno de Vox