MERKEL, EUROPA Y EL FIASCO UCRANIANO

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La crisis ucraniana –retroalimentada por el gobierno alemán– demostró que la señora Merkel dista mucho ser una gran estadista. No deja de ser una simple “listilla” –aunque posea un doctorado en física cuántica–, que utiliza el peso económico germano para implantar un modelo cuasi colonial a los países de la eurozona.
¿Cómo es posible que haya tensado tanto la cuerda hasta a llegar a ignorar los intereses de Moscú? Nadie se lo explica. O quizá la explicación sea más simple: su gran incompetencia.
Ni siquiera tuvo en cuenta que Rusia, junto a USA y otros países, se opuso a la idea de Margaret Thatcher, que quería la continuidad de dos Estados alemanes. Parecer ser que a la británica le asustaba la idea de una sola Alemania. Pragmatismo inglés.
Es obvio que lo sucedido en Ucrania responde a movimientos geopolíticos calculados, los cuales involucran a varios jugadores, algunos de poca importancia. Pero como en las partidas de ajedrez, incluso los peones pueden ser determinantes para el “jaque mate”.
Por otro lado, en el mundo de la geopolítica nada es lo que parece; las mentiras y las “escenificaciones” son parte del juego.
En cualquier caso, una cosa es cierta: la historia de Ucrania está ligada directamente a la de Rusia. De hecho  una buena parte de su territorio ya pertenecía al Imperio de los zares. Y más tarde formó parte –hasta su disolución– de la URSS.
Por lo tanto, existe una historia en común, sobre todo en la parte sureste del país.
Con lo cual, ¿cómo fue posible pensar que Moscú se iba a quedar de brazos cruzados ante los hechos que se estaban desarrollando en Kiev? ¿Cómo es que Merkel no ha visto la línea roja?
Cuando la desintegración de la antigua Yugoslavia, Alemania tuvo mucho que ver en aquel “proceso”. De hecho jugó un rol, sino decisivo, al menos muy importante, pues quizá fue una de las naciones más interesadas en la disección de aquel país. Y tuvo éxito.
Aunque todo hay decirlo, se debió a que Rusia estaba arruinada. A todo ello hay que añadir, que el inquilino que vivía en el Kremlin, Boris Yeltsin, carecía de la voluntad político-militar para hacer que se respetaran los intereses rusos. Pero la situación  de la Rusia de hoy no tiene nada que ver con la de aquella época. Las cosas han cambiado. ¡Y vaya si cambiaron!
En todo caso, la mediocridad de los políticos europeos es irrefutable Caminan dando bandazos, sin saber qué hacer, y sin una hoja de ruta concreta.
Su incompetencia llega hasta tal punto, que cuando estuvo el presidente chino en Bruselas, los señores Van Rumpuy  y Durâo Barroso, intentaron que emitiera una declaración sobre la cuestión de Crimea. Lo cual –¡una vez más!–, han demostrado una falta de agudeza política nunca antes vista.
Pensar que el presidente Xi Jinping se iba pronunciar contra Rusia, nos demuestra cuán grande es la ineptitud de los que dirigen los destinos de Europa. Es inconcebible, incluso un insulto a la inteligencia, que individuos como ésos dos caballeros puedan estar desempeñando tan altos cargos.
Quizá eso nos hace entender la razón por la cual no hemos salido todavía de esta maldita crisis.
Lo sucedido en Ucrania –todavía no está escrito el capítulo final– ha demostrado que la señora Merkel no está a la altura.
Quizá ella sea el tuerto en el país de los ciegos, pero nada más. Europa nunca estuvo tan carente de dirigentes o estadistas. Ya en 2010 Helmut Smith, antiguo canciller de la República Federal de Alemania, había criticado la posición de Bruselas con respecto a la crisis económica y la construcción europea.
Dijo que había una gran ausencia de estadistas, que el único que se salvaba era Jean-Claude Juncker, el luxemburgués. Y que el ministro alemán de Finanzas, el señor Wolfgang Schauble –que hace unos días, en un desafortunado exabrupto, comparó a Putin con Hitler– sabía mucho de impuestos y de presupuestos, pero absolutamente nada del mundo financiero.  
Por lo tanto, deberíamos preocuparnos un poco más por la “tropa” de políticos que dirige los destinos de Europa. Incluida la señora Merkel.

 

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