ORQUESTAS Y SONIDO

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El sonido de las orquestas es un misterio y una firma a la vez. Comparando la London Symphony, la Concertgebouw o la Berliner se hace notorio ese sello particular que, al margen del director que esté al frente, pone de manifiesto una serie de peculiaridades que forman parte de la envoltura sonora de cada agrupación. Varios aspectos perfilan los estilos sonoros, aunque en música, a pesar de las sempiternas comparaciones arquitectónicas y matemáticas, todo es relativo y temporal; aquí la diferencia con el resto de las artes: la intepretación siempre es irrepetible, lo que concede una dimensión añadida de calidad a cada concierto.

Si las cualidades y tipo de instrumentos de los músicos son importantes, no lo son menos las diferentes escuelas instrumentísticas con las que cada uno de ellos se sirve para interpretar sus particellas. Lógicamente, también influye la calidad musical individual. Otro factor, que no se suele tener en cuenta, es el de la colocación en escena. En esto se equivocó la Real Filharmonía de Galicia, que fue la orquesta que nos visitó en Palacio. La colocación cerrada y centrada hacia el director imposibilitó lograr cualidades fundamentales: amplitud y proyección sonora y focalización tímbrica de las secciones. A mayor abundamiento, la orquesta se mantuvo retraída a dos metros de la línea del escenario, y es que no es lo mismo tocar en el Auditorio de Galicia, de mediano aforo y con buena acústica, que en Palacio, que no es precisamente una pequeña cajita de música y hay que llenarla con sonido e ideas. El resultado se tradujo en falta de claridad musical y cierta turba, sin diferenciación de secciones.

Todo ello pasó más o menos de puntillas en la “Sinfonía no 1” de Henze y en la “Pettite Suite” de Debussy; la primera de ellas de extraordinario valor musical, y la segunda ciertamente insustancial. Pero en la segunda parte, el “Concierto para piano no 2” de Brahms con Christian Zacharias como solista, se nos vino abajo, tanto por las exigencias cualitativas y de nitidez que el autor requiere de la madera, como por los contrastes tímbricos que facilitarían su entendimiento. Tampoco ayudó Zacharias, el cual, con una técnica extraña y tocando por encima –especialmente los pasajes rápidos–, no gustó. Extraña interpretación y equivocada forma de tocar Brahms, donde la densidad armónica y profundidad musical requieren de un sonido y fraseo ciertamente diferentes.

 

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