Más cinismo europeo

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Demasiado ruido y pocas soluciones es lo que han armado los líderes de la UE  en su reunión del pasado 28 de junio sobre el drama de la migración desde África hacia Europa. 
El acuerdo tomado es un parche para serenar los ánimos, aunque estas provisionalidades acaban convirtiéndose en soluciones fijas. Lo peor es que lo pactado solo servirá para tomar un respiro en la CE, pero no parará el proceso de radicalización y xenofobia que está asentándose en Europa por la llegada de “sin papeles” africanos. 
El acuerdo recoge, casi únicamente, la creación “centros de internamiento” (en España se llaman CIES), que son centros de confinamiento;  la novedad es que quieren instalarlos en los países africanos de tránsito migratorio (ojos que no ven…), y solo falta discutir el precio.  
Otro objetivo es que estos filtros de retención permitan una entrada conforme a las necesidades de los países de una CE cada vez, administrativamente, más mastodóntica y costosa.
En estos centros tratarán de identificar al emigrante y devolverlo a su país de origen. Pero habrá problemas; uno es que la consigna al emigrante por las mafias es no llevar documentación, lo que hace difícil su repatriación. 
Otro es que va a encarecer el precio del viaje en función de la probabilidad de éxito; habrá primera y segunda clase y las mafias ganarán más. 
Crecerán los viajes con mujeres embarazadas y niños pequeños, como estrategia para conseguir la residencia. 
O sea, lo acordado no ataca el tráfico de personas (esclavos) que, además pagan por serlo. Para Europa esta inútil solución tiene un coste económico enorme y para nada disuasoria. Es como intentar tapar con trapos una grieta en una presa. 
Sería bueno conocer la comparativa entre el coste de toda esta locura, que no gusta ni a las ONG’s,  y el coste del proceso de favorecer el desarrollo social y económico del emigrante en su origen. 
Seguro que nos sorprenderemos porque, de entrada, lo que hacemos ahora es gastar y si ayudamos al desarrollo, es inversión. 
Pero parece que es más cómodo gastar, lo que no sé es por qué, aunque sí pienso mal, quizás acierte.

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