CONCIENCIA EUROPEA

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En un artículo anterior, hace algún tiempo, comentaba la importancia que tiene el programa de intercambio Erasmus de la Unión Europea, que desde hace más  de 25 años permite a todos los estudiantes universitarios europeos, realizar parte de sus estudios en otro país de la Comunidad distinto al suyo. Al margen del interés y valor académico que entonces resaltaba, no cabe duda de que la implantación de este tipo de programas de intercambio, tiene bastante que ver conla formación de una conciencia e identidad europeas en las futuras generaciones.
En la Facultad de Humanidades y Documentación de Ferrol lo comprobamos cada año, por fortuna la participación de nuestros alumnos en el programa Erasmus es muy alta, facilitada por los contactos que la propia Facultad y los profesores del centro tiene con otras universidades. También recibimos alumnos que vienen a realizar estudios en nuestras aulas, estudiantes universitarios de procedencia muy diversa: franceses, italianos, polacos o portugueses, entre otras nacionalidades.
Se trata de que los jóvenes estudiantes, mediante estancias temporales en otros campus universitarios distintos al suyo, puedan descubrir hasta qué punto existe la identidad europea dentro de la heterogeneidad de caracteres y situaciones. De esta manera,el programa Erasmus no solamente fomentaríael aprendizaje y entendimiento de la cultura y costumbres entre países distintos, sino también el sentido de comunidad entre estudiantes de esos mismos países.
En definitiva, Erasmus sigue siendo un buen medio para fomentar la cohesión y conocimiento de la Unión Europea, crear lazos de amistad transfronterizos ydesarrollar una clara conciencia ciudadana común. Gracias a estos valores y al interés que los propios estudiantes han puesto en las posibilidades de movilidad interuniversitaria que se les ofrece, aunque no sin dificultades, el Programa Erasmus ha sobrevivido incluso a la crisis económica y a los problemas de financiación que hemos padecido en los últimos años. Eso demuestra la importancia que tiene para el futuro de Europa fomentar una conciencia común, en lugar de crear barreras.
Aunque todavía no podamos valorar sus resultados en todo su alcance, por lo menos hasta que la “generación erasmus” tome definitivamente el relevo en nuestra sociedad, cabe esperar que quienes han tenido la oportunidad de convivir y conocerse mejor, sepan cambiar determinadas actitudes excluyentes y llenas de prejuicios que por desgracia todavía parecen dominar en muchos países. Esperemos también que los políticos que nos representen en Europa, de cualquier signo que sean, aprecien estas apuestas de futuro por encima de sus intereses particulares o ideológicos.

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