Demócratas o tiranos

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No comparto la música, y mucho menos la letra del relato, orquestadas por parte de los periodistas y analistas políticos en los medios, aquellos que mantienen al actual régimen. Se resisten numantinamente, como si los ciudadanos fuesen estúpidos votantes, ellos, con un relato que no se ha manifestado en las urnas. Pretenden mantener el régimen del bipartidismo alternante (rojos y azules), el mismo que les ha dado pesebre hasta la fecha, y que desean sostener con un relato dudoso, por no decir harto fraudulento.

Al haber comprado ese relato, los dos nuevos partidos han perdido escaños, uno de golpe y otro escalonadamente. Los unos, por intentar comerse al mal llamado centro derecha, y los otros con la misma ansia, al creerse que podían devorar al centro izquierda. Los dos veteranos partidos que, durante cuarenta años se han instalado en el poder, pudieron ser castigados en las urnas, pero sus afiliados y cuadros están todavía atornillados en sus puestos por esa naturaleza bipartidista. Ambos, con tales recursos son conservadores, y no permiten que el modelo bipartidista se entierre, por eso, a los nuevos les hicieron creer con un falso espejismo, el cuento de que como nuevos intocables iban a ocultar sus felonías, y que serían sus herederos en el nuevo bipartidismo. Pero, este relato sólo fue una trampa, una ilusión efímera sin calado real. Al final la diferencia estuvo en la reacción de sus líderes, el uno actuó como un demócrata y el otro como un tirano, al no reconocer su derrota personal frente a su partido.
Lo que han dicho los ciudadanos, únicos soberanos conforme a la legislación vigente, es que finalizó el bipartidismo, ya hemos entrado en un modelo del multipartidismo. Unas nuevas reglas de juego vendrán para este actual modelo. Hace algunos años publiqué, que como mucho, existen cinco almas ideológicas: una izquierda radical, una izquierda, un centro, una derecha y una derecha radical. Otro gran fraude, que provocó esta tiranía, son las etiquetas comerciales del marketing partidista, unas marcas comerciales en beneficio de unos pocos ególatras, para así manipulan a las mayorías democráticas en los medios de comunicación, algunos como expertos tácticos devenidos del tardofranquismo bizqueante.
Los ciudadanos soberanos han expresado claramente, con sus votos, que actualmente España ya no es una sociedad de rojos y azules, pues existen ciudadanos a quienes representan ya tres nuevos colores: dos en los extremos y uno en el centro del universo de los votantes. Lo paradójico es que unos pocos líderes tiranos, con ese falso relato difundido por sus ocupas en los medios de comunicación del régimen, continúen con el viejo relato del guerra-civilismo español, y consideren que el fallecido modelo ha de continuar.
Es evidente que, de nuevo, el centro derecha quiere integrar al centro, y que el centro izquierda quiere absorber a la extrema izquierda. El fin, ahora, es ningunear a esos dos disminuidos partidos. Mientras, casi todos intentan ignorar al verdadero centro votante, como si no existiese. 
Durante muchos años, desde la época de Suárez, esa masa electoral fue el voto a conquistar por el bipartidismo, y a suprimir por la mano negra que los sostiene. Ahora, se le ha puesto una etiqueta de bestia terrorífica a la clase media, pero tal vez, en lugar de ahogarla con ese relato, por el contrario, la están alimentando de forma imparable al concentrarse en un partido al que se le teme. Le temen, porque saben que es el nuevo centro, porque avanza de forma inexorable, y avanza porque son aquellos que trabajan, se levantan todos los días, y evitan que este estado se detenga. A pesar de los ineptos líderes partidistas que no estarán a la altura de este momento histórico, y porque son opacos en sus argumentos, y porque viven al margen de la realidad de la ciudadanía soberana constitucional, como una auténtica y tirana casta feudal.
El esperpéntico teatrillo, de estos líderes tiranos, no puede durar todo el tiempo. O aceptan a las mayorías democráticas, o tal vez se romperá la baraja. Unos pocos tiranos no podrán reventar la convivencia democrática legal, salvo por una revolución para la que no se dan todavía las condiciones objetivas. Si bien es cierto que, todas las revoluciones, no fueron hechas más que por burguesías interesadas.
El nuevo paradigma de la aldea global, en la era digital, cambia los viejos conceptos de los pasados siglos de la revolución industrial. La nueva revolución con las nuevas tecnologías llega de otra forma: paro masivo sistémico, pérdida estructural de pensiones públicas, desaparición de las clases medias, mayor diferencia entre pobres y ricos, cronificación farmacéutica de las enfermedades, deficiencia del sistema sanitario público, discapacitación competitiva internacional en la educación, pobreza por contratación con salarios injustos…, en resumen, indignación generalizada contra este bipartidismo rampante.
¿Entrará en el foro político esta nueva tiranía, encubierta por una insuficiente democracia? Lo cierto será que, una democracia sin demócratas no durará eternamente. Pronto, se le verán las patitas manchadas de harina a estos lobos. Unos pocos, no podrán imponerse a las mayorías de los votos de los ciudadanos, por muchos juegos malabares que traten de imponerles, pues no serán duraderos ni retorciendo la ley.

Demócratas o tiranos