Soberbia y sentidiño

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El adiós a Europa del Reino Unido ha puesto de manifiesto, una vez más, que de poco valen la preparación cultural, los estudios y la formación si falta el sentido común. Tras el Brexit, dimisión lógica de su promotor David Cameron y efecto dominó sobre otros mandamases británicos, la mesa de juego evoca el “sentidiño” que Arsenio Iglesias pedía a los cracks del Súper Depor para salir airosos en sus encuentros con los grandísimos onces del mundo mundial.
Ahora vendrá el rosario de reproches caseros y las afirmaciones de cuantos, pasado el toro, ven crecer la hierba y sus soluciones. Lo que no me mata me hace más fuerte. Del enemigo el consejo. Despojarse de la soberbia y vestir los harapos de la humildad. A enemigo que huye puente de plata. Aprended de los errores. Añorar al poeta mexicano Amado Nervo y su reflexión, “¿Bueno, y qué?”... Cuando la ecuación simple al despejarse afirma que el sentido común es el menos común de los sentidos, demanda, sin embargo, una exigencia: aplicarlo bien. La bofetada dada al hijo en el momento oportuno que no describe ningún manual de urbanidad. Acaso aceptación de la verdad como corolario de la justicia y libertad.
El populismo relativista y material juega papel indispensable para confundirnos. Como los ciudadanos de la pérfida Albión que ya están arrepentidos del trato de favor que disfrutaban y quieren recuperar con millones de firmas para repetir referéndum. Es la partitocracia que dice servir a la “verdad” cuando únicamente sirve ”parcialidades” para conquistar el poder. Así un hábil dialéctico, rememoraba estos días, que la condena a muerte de Sócrates deja claro que no sirve la regla de la mayoría para decidir sobre la verdad. La democracia da papeletas señala caminos. Nada más. No vale aceptar que hace un día espléndido si está lloviendo o, si existe o no existe Dios, porque los votos lo sumen. La casta emergente a pie de televisión mediática… también fracasa.

Soberbia y sentidiño