EL SUSTO GRIEGO

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Para el 25 de este mes están convocadas elecciones generales en Grecia; las cuartas en poco más de cinco años. La hasta ahora coalición de gobierno, que incluía al centro derecha europeísta de Nueva Democracia y al socialdemócrata Pasok, se ha mostrado incapaz de asegurar la investidura del nuevo presidente de la República. No quedaba, pues, otra alternativa que llamar a los ciudadanos a las urnas.
La noticia produjo una enorme conmoción en el propio país, en los mercados y en Bruselas. La Bolsa de Atenas se desplomó en 11,5%, la prima de riesgo rozó los 900 puntos básicos y el bono a diez años alcanzó el 9,4%. Y ello en un país que ya es un 40% más pobre que antes de la crisis. Desde el punto de vista político los sondeos no podían ser peores para los dos grandes partidos: de haber protagonizado de forma absoluta la vida política helena, rondando siempre el 80% de los votos, ahora apenas se les pronosticaban 90 escaños en un Parlamento de 300.  Con un 30 por ciento de los sufragios partiría, por el contra,  como favorita la coalición radical de izquierdas Syriza que defiende políticas económicas bien diferentes a las exigidas por la célebre troika (Comisión Europea, Fondo Monetario Internacional y Banco Central Europeo).  
Pero todo fue una sobrerreacción inicial. Los titulares alarmistas murieron en los periódicos de la mañana. Al final del día las cosas volvieron más a su cauce, hasta el punto de que los índices bursátiles europeos cerraron al alza, Wall Street marcó un nuevo máximo histórico y  hasta la propia Bolsa griega mitigó el castigo, acabando la jornada con un descenso de sólo el 3,91%.
En el giro registrado influyeron varios factores. Por una parte,  la constatación de que el resto de la eurozona ha construido en este tiempo eficaces cortafuegos que minimizarían el contagio de la crisis. Por otra, los pronósticos de algunos  analistas  en el sentido de que aun en el peor escenario –la victoria de Syriza- los cambios en el país pudieran no ser tan radicales como se teme. De hecho las perspectivas de victoria han ido moderando a Syriza y a su carismático líder, Alexis Tsipras, que ya  no postulan abandonar la moneda común ni incumplir unilateralmente los términos del rescate. Ahora pretenden  un nuevo acuerdo que cambie radicalmente las políticas de austeridad.
Lo que sucede es que si no lo han conseguido las izquierdas europeístas de Hollande (Francia) y Renzi (Italia)  resulta más que problemático que lo logre un líder tan heterodoxo desde un país en bancarrota que representa no más del 1,4 por ciento del PIB de la Unión Europea. Veremos, pues.

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