NOS QUEDA LA DEMOCRACIA

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La crisis en Europa sigue profundizándose, tanto que amenaza con descarrilar el proyecto completo. La realidad es que ya nació cojo, su pecado original fue haber sido creado por y para los mercados. Fue un plan promovido por las transnacionales. 
Hoy la UE se enfrenta a complejos problemas, aunque de momento el más sangrante es el de los refugiados. Las fronteras europeas están siendo violentadas por decenas de miles de personas en estado de desesperación, provenientes de Siria y de otros países de la región. Desde Afganistán hasta el norte de África sólo podemos ver destrucción, muerte y desolación. 
Lo curioso –olvidándonos por un momento de la tragedia humana– es que ese terrible “guion” lo ayudó a escribir la propia Europa. Así que, ahora hay que cargar con las consecuencias. No queda otra. Lo que está ocurriendo es el resultado lógico de una política retorcida, incluso aberrante, que encaja a la perfección con la inepta clase política que nos gobierna.  
Es obvio que, visto lo visto, el proyecto europeo no tiene ninguna posibilidad de permanecer en el tiempo. Los que dirigen las instituciones políticas y financieras de la UE, que no son otra cosa que chiringuitos del poder financiero, que no esperen que aparezca un “Deus ex machina” para enderezar la situación. 
Esas cosas sólo ocurren en el teatro. En todo caso, para que esto cambie habría que empezar por construir otro modelo, otra Europa. Cosa que ha comprendido el ex ministro de finanzas griego, Yanes Varoufakis, pues opina que si no se democratizan las instituciones todo se vendrá abajo. Así que, puso en marcha un movimiento para el cambio, su slogan es: “Europa será democratizada o Europa será destruida”.
Hace unos días que presentó en Berlín su “Plan B para Europa”. El pistoletazo de salida tuvo lugar en el teatro Volksbühne, cerca de la emblemática plaza de Rosa Luxemburgo. Varoufakis dijo que hace tiempo que “demos” y “cracia” se han desvinculado una de la otra. Habla de transparencia, de construir instituciones realmente democráticas, que no respondan al poder del dinero, dice que los partidos están obsoletos. Que más que nada se necesitan ciudades rebeldes. 
Para Varoufakis el Parlamento Europeo es “un chiste cruel, ya que no existe como un verdadero parlamento, sino como un simulacro”. Es obvio que acertó de lleno. Lo que hay en Estrasburgo es una parodia que pagamos todos. Varoufakis propone como punto de partida la creación de una Asamblea Constituyente, legitimada por las urnas, que tenga el poder para redactar una Constitución europea que sustituya los tratados anteriores.
Sin duda, el plan de Varoufakis es ambicioso, aunque difícil de llevar a cabo. Lo más probable es que su movimiento nunca lo logre. Los intereses de las multinacionales no aceptarán otra Europa que no sea la de ellos, la que construyeron a su imagen y semejanza. Ellos quieren una Europa despersonalizada, moldeable, sin voluntad política, impregnada de falsos valores. Como la que hay ahora. Quizá esta Europa ya no tiene salvación, puesto que entró en una dinámica cultural y política enfermiza, autodestructiva. Sus contradicciones económicas, sociales, migratorias y políticas la están llevando a la descomposición. Si una pequeña crisis de refugiados ha amenazado con saltar por los aires los tratados europeos, no  queremos imaginarnos lo que pasaría si la crisis fuera de otra envergadura. Lo que demuestra la vulnerabilidad de esos tratados, en 
Es obvio que la crisis económica puso al descubierto quienes son los que mandan. Pudimos contemplar atónitos una serie de decisiones antidemocráticas, todas ellas dictadas por los poderes económicos y por una geopolítica de aficionados. Como la humillación infligida por la Troika a Grecia; el golpe de Estado en Ucrania, con el apoyo abierto de Bruselas; el nombramiento de un primer ministro en Italia sin el aval de las urnas. Todo ello causó un gran asombro, resultó ser una gran decepción. Fue como perder la inocencia.
Pero como dijo Varoufakis, para hacer frente a todo eso, únicamente nos queda la democracia. 
 

NOS QUEDA LA DEMOCRACIA