Sainete y asesores

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“La casa de tócame Roque” que inmortalizó don Ramón de la Cruz en el sainete El buen casero, es una metáfora que expresa lo que está ocurriendo en la Diputación de Lugo en la que también reina la confusión, el desorden y las riñas y peleas dialécticas.   
Sin entrar en detalles conocidos, este largo sainete político tiene algunas escenas sorprendentes. La primera es el entreguismo del socialismo de Lugo que, además de engañar a uno de los suyos, pone la Diputación en manos del nacionalismo que, con dos diputados, concede credenciales de “imputado bueno e imputado malo” e impone sus criterios en el Gobierno de la institución.   
El nacionalismo, a la vez, es poco coherente. Rexeita las Diputaciones como nidos de caciquismo y de prácticas clientelares, pero “arrampla con todo lo que está a su lado mientras va dando lecciones de moralidad”, en palabras del diputado Martínez. Su proceder recuerda al de aquel carterista que decía “yo soy de izquierdas, pero para vivir necesito el mundo capitalista”.  
En ese “arramplar con todo” entran sueldos generosos y dietas suculentas, tarjeta de crédito, móviles… Y los asesores, ¡siete asesores para dos diputados!, con un coste de 166.000 euros, un despilfarro de recursos públicos que es más indignante en una Diputación que cuenta con un cuerpo de funcionarios competente para “asesorar” a sus señorías. Por esta vez, la venganza en frío del diputado “díscolo” tumbó esos nombramientos escandalosos y ahorró 217.000 euros para aplicar a actuaciones más necesarias.  
Pero los asesores no son exclusivos de las diputaciones, abundan en todas las administraciones en las que los gobiernos y partidos colocan a los suyos. La semana pasada se supo que al vice valedor do Pobo, cargo que tanto aporta al desarrollo y bienestar de Galicia, se le asigna presupuestariamente un asesor con una retribución anual cercana a los 62.000 euros. En este caso, la asesoría es una prueba de que las “puertas giratorias” existen hasta en estos reductos de la administración. 
La Ley de Transparencia, cuya tramitación en el Parlamento también se inició casualmente la semana pasada, nada dice sobre el nutrido cuerpo de los asesores, ese agujero por el que se esfuman tantos recursos públicos. Juzguen ustedes si este mercadeo de cargos y prebendas es compatible con “el impulso de la regeneración democrática para recuperar la confianza del ciudadano en las instituciones”, que es la finalidad de esa ley.    

Sainete y asesores