El imprescindible argumentario

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La estrategia del fugado expresident de la Generalitat de “cuanto peor, mejor” no ha dado resultado. La sociedad catalana, harta de sus golpes de efecto y de la nula competencia de su representante Torra para gestionar el Govern, va a dejar de votarle. Los datos no son de una encuesta de andar por casa del “opresor” Estado español; son del denominado CIS catalán, que prevé un descalabro electoral en las generales y europeas próximas, y que convertiría a ERC en la fuerza mayoritaria en el Parlament.

La encuesta se realizó a finales de marzo, poco después del “golpe de timón” que ha convertido las listas de la antigua Convergencia en un plantel de fieles a Puigdemont. Curiosamente, iba a ser el fugado en Waterloo quien encabezara la oferta europea de la Crida, su partido, y se mostró dispuesto a regresar a España para recoger su acta. Pero la arrogancia le duró horas y su entorno desmintió rápidamente que pensara correr el riesgo de ser detenido. Y sin el acta, no puede tomar posesión del escaño en Estrasburgo, como tampoco lo podrá hacer el otro fugado, Comín, a quien ha propuesto para ocupar el numero tres. Por lo que podrían constituirse en el primer grupo “fantasma” del Parlamento europeo.

La semana pasado los tres miembros fugados del Ejecutivo de Puigdemont firmaron un comunicado instando a que los independentistas se presenten en una lista conjunta a las europeas. Pero si ya el PNV, viendo la deriva de las candidaturas “imposibles” de JxCat, no quiere semejantes compañeros de viaje, los republicanos de Junqueras menos todavía.

Y es que en ERC están hartos del chantaje de Puigdemont y los suyos. Y hartos también del victimismo de los fugados, mientras ellos asisten, en calidad de procesados, en la Sala Segunda del Supremo, al juicio por el procés.

Pero, al margen de los numeritos, la propaganda y las intoxicaciones, es la tesonera realidad la que demuestra, en el día a día de los catalanes, que la administración pública no funciona. Que la única actividad de Torra consiste en ir de acto en acto vendiendo independentismo, mientras el Parlament no tiene actividad, aumentan las listas de espera en la Sanidad y no hay presupuestos.

Tal vez por eso el PSC, en una hábil jugada que ha obligado a retratarse a la posición, presentó una iniciativa para obligar a Torra a convocar elecciones o a someterse a una moción de confianza. Su cumplimiento no es obligatorio pero se le podía haber ocurrido a Arrimadas que es la líder más votada y con más escaños. Sobre todo, porque el abandono del hemiciclo de los diputados de la CUP demostró la fragilidad de los apoyos de Torra.

De confirmarse los datos de la encuesta ERC pasaría a tener el grupo más numeroso del independentismo en la Carrera de San Jerónimo. Pero además, y esta es la clave, ganaría ampliamente las elecciones autonómicas en Cataluña. Queda por ver si optará por el de la vía unilateral o volverá a echarse al monte.

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