Los Bob Dylan frustrados

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En el libro de los gustos no hay nada escrito. También la experiencia advierte que nada es verdad ni mentira sino del cristal con que se mira. Más sabe Satanás por viejo que por demonio. Nuestro sagacísimo Wenceslao Fernández Flórez aludía a las siete columnas –pecados capitales– sobre que se alzaba el mundo. O el bueno de Crispín, personaje de Jacinto Benavente, decía: “Hemos creado muchos intereses y es interés de todos el salvarnos”. Deviene cuanto elucubremos por la decisión de la Academia Sueca de concederle a Bod Dylan su Nobel de Literatura 2016.
No entro en la irracional razón que ha llevado a los encopetados nórdicos a tan disparatada resolución. Precedentes los hay abundantes y explosivos en las distintas secciones; sin embargo, me duele cuando investigo y constato los valores reconocidos por esa pátima de laurel que el tiempo ha depositado en tres autores españoles. Y desde esta panorámica –¡cuidado que a mí me gusta!– el estadounidense es un músico de rock y nada más. Con sus éxitos y extravagancias, soberbias y humildades, virtudes y fracasos. Y pese a tener currículo acreditado no es un poeta para reconocerle dotes literarias.
Mientras siento sana envidia por tres escritores españoles que pasaron de refilón cuando las sienes suyas lucen laureles clásicos. Son Miguel Mihura –sin olvidar la luminaria de Valle-Inclán– reventador del arte dramático con su nuevo estilo de humor y configuración de la farsa.
Ruptura de fondo y de forma… Mi segundo creador es Miguel Delibes, con la sombra del ciprés alargada y esa joya –entre las muchas de su zurrón– “El camino”, libro de cabecera y hechizo. Después, mi trío de espadas, Antonio Buero Vallejo –Siglo de Oro sobre nuestros escenarios– con su pasión por la verdad. “Pues el hombre es un animal esperanzado, y si escribe tragedias donde alienta la angustia de su esperanza defraudada a la esperanza misma sirve”

Los Bob Dylan frustrados