¿Quién dijo desafío?

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Lástima que populares y socialistas no votaran a favor de los independentistas catalanes. Verdadera lástima. En estos tiempos de devaneo y flirteo sin cámaras, de juegos subterráneos y citas en Moncloa estos divorcios en medio de la canícula veraniega y el soporífero circo político que se empeñan en representar todos, absolutamente todos, es una lástima que no demos un paso más.
Si alguien creía que con atontar ciertos pasos en Madrid el órdago, el chantaje, la bravata, el desafío, la afrenta, la ilegalidad nacionalista soberanista se mitigaría se equivoca. No hay más tonto que el que se empeña en serlo una y otra vez mientras los demás se ríen. Recuerden la película, antes, magistral obra de teatro, “La cena de los idiotas”, y ahora extraigan sus propias conclusiones.
Erre que erre después de lo visto la semana pasada en el Congreso de los Diputados, populares y socialistas, se dan un tiempo, dos días para que la Mesa decida si los catalanes de la vieja y corrupta Convergencia, no más corrupta que algunos, tendrá o no grupo propio. Sería un escándalo, –uno más, a quién le importa ya– en esta España que puede y aguanta todo, aunque le meen por encima, como decía el viejo Castelao –mexan por nós e inda por riba din que chove– que el mismo día que el Parlamento catalán da un paso más en su afrenta y deriva al orden constitucional y el eje medular del Estado que se aprobara por parte de populares y socialistas la constitución de un grupo. Además del cambalache y la farsa ya todo es posible en este yermo de ideas vacías y caraduras bravucones.
Lo que es vergonzoso además es que todavía siga existiendo un reglamento de cámara que permita tanta ambigüedad y por ende tanta interpretación que cualquier jurista, más formado o menos, en el fondo es el título académico el que habilita, haga suyo cuanto se le antoje.
Los catalanes de Homs apelan a que simpre se ha permitido y a la propia flexibilidad del reglamento y la actuación tradicional, costumbrista y paisajista de la Cámara. Y es que trabajar cansa a sus señorías, y cambiar o aclarar o hacer más riguroso y cumplir un reglamento, debe ser un escarnio, no así cobrar finiquitos e indemnizaciones ante legislaturas tan bisoñas como esperpénticas como la pasada y donde solo 13 diputados renunciaron a esos finiquitos que los demás no dudaron en embolsar, amén de pasarse y pasearse durante meses por la capital pero sin hacer nada más.
Es lo que hay. Penoso. Pero no se preocupen, permitirán el grupo catalán, las dádivas de dinero, visto que las acusaciones de aquel pretérito Maragall que luego no quiso o no le dejaron investigar nada de aquel 3 % parece que hoy ya no funciona. Prebendas, tiempos, visibilidad, discursos y mas de tres millones de euros.
Quizás los escépticos, que no los idiotas, pensaban que con estos flirteos y con la cuestión de confianza de septiembre de Puigdemont la fiebre remitiría. Pero va a ser que no. Pero tranquilos, nadie va a pedir explicaciones.

¿Quién dijo desafío?