A veces, mejor los silencios

|

omo se habrán dado cuenta no soy precisamente un católico muy ortodoxo pero solo en cuanto a las formas o normas que, entiendo, son más que discutibles en su fundamento teológico; en cuanto a mi fe, no tengo dudas. 
Discrepo en cuestiones como el celibato obligatorio; defiendo que la mujer se ha de incorporar con pleno derecho a todos los estamentos burocráticos y jerárquicos. 
Creo que si los laicos no se incorporan en mayor grado, la Iglesia está coja; que los sacerdotes, en su mayoría, deben de reciclarse y bajar a la realidad asumiendo su rol evangelizador, porque ahora parecen funcionarios de eucaristías y administradores de sacramentos. 
También creo que es necesaria una reforma profunda de las catequesis, etc. Y, cómo no, discrepo de los obispos que son los máximos responsables de sus diócesis. Los obispos (generalizar es malo y hay honrosas excepciones) parece que añoran cierto feudalismo, olvidando la humildad que deben trasmitir. La mayoría sigue pareciendo aquel señor que ponía el anillo para que se lo besaran cuando alguien se le acercaba.  Mi impresión es que son pastores desde lejos y así no se cuidan las ovejas. Estos obispos no se “remangan”; supongo que miran, pero dudo que vean; y hoy estos jefes no son aceptados.
Hecha, una vez más, mi declaración de intenciones, estas se refuerzan cada día con las noticias, declaraciones, y sobre todo, con los silencios que van agotando la ilusión que nació con el Papa Francisco (vaya lio que tiene con el Sínodo de la Amazonia) cuando dijo a los presbíteros aquello de que hay que ensuciarse con los pecados y heridas de la gente, etc. y sus esperanzados nombramientos de obispos que en la práctica están matando las esperanzas con palabras, como por ejemplo las de nuestro Obispo anunciando visita pastoral a Terra Cha. 
En su carta de anuncio, entre otras cosas, les dice: Es una oportunidad (la visita) privilegiada para un contacto más directo con vuestras angustias y preocupaciones… Eso, un privilegio que el Pastor baje a la arena.
Pues nada, poco más que decir de las maneras y talantes. Casi mejor los silencios.

A veces, mejor los silencios