SOBRE LAS LIBERTADES

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Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo” es una máxima de Evelyn Beatrice Hall que erróneamente se atribuye a Voltaire y con la que la escritora británica pretendía ilustrar las creencias del célebre pensador francés. Y es que Voltaire tendría más de un problema por expresar sus opiniones, como cuando, en 1715 publicaba una sátira contra el Duque de Orleáns, que había asumido la regencia de Francia tras la muerte de Luis XIV, y de su hija la Duquesa de Berry. Esta obra le valdría a Voltaire una estancia de un año en la Bastilla y posteriormente el destierro. Y trescientos años después, el Bulevar Voltaire de París se llenó para defender precisamente la libertad de expresión y mostrar la total repulsa hacia el terrorismo yihadista. Arropando al presidente Hollande, había más de cincuenta líderes mundiales. Pero lo más importante fue la respuesta de la sociedad francesa, que se ha unido para expresar bien en alto que la libertad de expresión no se puede cuestionar en nuestra sociedad de hoy en día. Allí, en la cabecera de la manifestación, los familiares de las víctimas de los ataques a la sede de “Charlie Hebdo” y la tienda kosher de Porte de Vincennes que no quisieron faltar a la cita para demostrar que no hay miedo al terrorista, que no quieren darles la victoria.
Sin duda que esto supondrá un punto de inflexión en las relaciones de Europa con el Islam, que ha ganado un importante peso específico dentro de nuestras propias fronteras. Porque no hay que olvidar que los terroristas habían nacido y se habían criado en Francia, no en Siria, Afganistán o Irak.
No es tiempo de pensar o analizar si las portadas de “Charlie Hebdo” eran acertadas o no. Si tras ellas había un racismo y una islamofobia ocultas o eran una forma de intentar reflexionar sobre una realidad cambiante. No es momento de hablar de lo políticamente correcto o la contención para no herir otras sensibilidades. Este atentado nos enfrenta con una posición intransigente, que no acepta el diálogo. El discurso de la tolerancia y el respeto solo puede usarse cuando hay una reciprocidad. Y da igual si hablamos del Islam o la ultraderecha nazi. Esa no es la cuestión. La cuestión está en que unos intolerantes utilizaron rifles para intentar romper los lápices de unos dibujantes.

 

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