Nuevos discursos para una España muy distinta a la de anteayer

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Se ha iniciado la nueva campaña para las próximas elecciones del domingo 26. El lema que han adoptado unos, y creado otros, coincide: “España por el cambio”. Pero ¿realmente los políticos han reconocido los cambios que ha experimentado ya este país?. Creo que todos no, y algunos hacen que no ven nada, como han demostrado con muchas leyes de los dos o tres últimos años (varias basadas en principios religiosos).
Se me ocurrió reflexionar sobre el estado del país hace 35 años y compararlo con la situación actual. Empleé la pregunta: ¿Qué es lo que me llama más la atención entre los cambios sociales y políticos que observo?. Las respuestas que voy a dar tienen valor experiencial para los mayores de cincuenta años, y son datos históricos y costumbristas para los jóvenes.
La primera nota que destaco es la “secularización” de la sociedad civil, entendiendo el vocablo como desacralización, pero no ateísmo, ni desaparición del sentimiento religioso. Lo que afirmo es que la iglesia católica ya no marca la agenda de la mayoría de las familias que pueblan España, incluso añado que marca menos la agenda que otras religiones que han llegado y se han asentado con los inmigrantes, p.e. el Islam. 
En el año 1980 un niño nacía y la primera fecha se la daba la iglesia: el bautizo, después venía la comunión, confirmación, matrimonio religioso, prácticas y fiestas religiosas, y la extremaunción. 
Las primeras amistades se hacían con los niños que asistían a la catequesis, esa era la primera pandilla, y además muy firme, con duración vital. La religión condicionaba tus hábitos (domingos a misa), tus deseos  (no debías mantener relaciones sexuales antes del matrimonio), tus elecciones (chica religiosa y recatada), etc. En sólo 35 años se han vaciado las iglesias, se realizan actos religiosas familiares, como la comunión y matrimonio, que son mucho más fiestas de familiares y amigos que realmente la toma de un sacramento. Se ha secularizado la sociedad, le ha perdido el miedo al infierno y al pecado; en gran parte se impuso la razón al sentimiento religioso. 
La iglesia católica no cala, su discurso está obsoleto y caduco.  En las elecciones municipales de 1979 curas y frailes se presentaron en las listas locales, y en Galicia más de uno consiguió la alcaldía (Aneiros en Narón, Vicente Couce concejal en Ferrol) otros varios en Pontevedra y resto de provincias. Desconozco que vaya algún sacerdote en las listas de las candidaturas actuales, las dos monjas que alcanzaron gran popularidad, Lucía Caram y Teresa Forcadas para las pasadas elecciones de diciembre, hoy están desaparecidas. 
El segundo punto es la evidente “inmoralidad y falta de ética” que impera en los últimos años y que ha llevado a la corrupción sistémica, y a la banalización de esa peste; a veces es desesperante la sonrisa sarcástica de un acusado que parece decir “cuídate tontarrón que a mí no me pasará nada, pero a tí, ya veremos”. Claro que había corrupción en la postdictadura, pero tapada, oculta. Denunciar a alguien públicamente era una deshonra, se le señalaba, y se le consideraba un apestado. La hipocresía de aquel sistema actuaba de elemento disuasorio para evitar ser un corrupto público con ostentación de adjetivos.
El tercer eslabón lo encuentro en la pérdida de papel de los sindicatos y partidos políticos tradicionales. Los sindicatos están en estado catatónico depresivo. Viejos, sordos, mudos  y  ciegos. No hay trabajo, ¿y los sindicatos qué hacen?; priman los contratos basura ¿dónde están los sindicatos?; los salarios son de media vida, porque a mitad de mes ya se ha extinguido la nómina … ¿Donde están las fuertes CCOO que, de forma secreta, se habían configurado y minado el franquismo desde los años sesenta?; la UGT que recuperó locales y prebendas. ¿Por qué se enfangó?. Los sindicatos nacionalistas, la USO vieja y nueva,  todos, mutis por el foro. Los partidos clásicos, con su “obediencia debida” y “el argumentario impuesto”, anularon las iniciativas personales, como los bolcheviques “impusieron el partido al individuo”.
El cuarto y último es el gran cambio y dominio de la tecnología. La revolución industrial, laboral y de las comunicaciones que se ha dado con la informática, las telecomunicaciones, y lo que se prevé: la robótica. Muchos puestos de trabajo seguirán desapareciendo. Los medios de comunicación son lo más evidente, hemos pasado de un servicio teléfono por cada ocho familias,  a ocho modelos de teléfono por familia. Lo mismo con la radio (yo misma tengo una en cada hueco de la vivienda), y la televisión, monstruosas pantallas avasallan en los salones de las viviendas. A todo ello hay que sumar el ordenador, ya sea como instrumento de trabajo o como instrumento de recreo o comunicación social alternativa para conocer gente. Las redes sociales han hecho que se ignoren los carteles de campaña, la propaganda de sobres por buzoneo, y están comenzando a cambiar el discurso del candidato por una asamblea popular.
En el momento actual se observa que se retoman del pasado asuntos positivos como las asambleas y el movimiento vecinal; pero también negativas como el “retorno de la heroína” que se ha denunciado estos días.
En los partidos y formaciones políticas actuales se echa en falta la definición de un objetivo esencial que lleve al desarrollo personal y a la convivencia feliz. Decía la profesora de ética Adela Cortina en la Feria del Libro de Madrid: “Lo esencial en esta sociedad de conectividad es la formación del sujeto moral y el respeto a la dignidad humana”, ¿Qué partido, qué candidato recoge con clarividencia en su programa las dos simples propuestas de Adela Cortina?.  
 

Nuevos discursos para una España muy distinta a la de anteayer