Que el futuro no sea humo

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uando empezábamos el bachillerato de entonces no eran pocos los chavales que abandonaban los estudios para convertirse en trabajadores infantiles, hoy prohibido, afortunadamente. Recuerdo algunos que fueron a parar en la construcción de la chimenea de As Pontes, así conocíamos la obra de la central, nacida de la segregación del negocio eléctrico de la Calvo Sotelo, que desplazó de la villa minera a los trabajadores de fertilizantes hacia A Coruña. Por cierto, no fueron pocos los que murieron en la obra.
La central térmica tuvo dos caras. Una alegre, el aumento de la población en más de un 40% y la mejorar la renta del pueblo gracias a la actividad económica generada, la importación de carbón por el puerto de Ferrol desde mediados de los noventa ayudó al crecimiento de la actividad portuaria o el transporte por carretera del mineral al parque de carbones creando una nueva línea de negocio ligada a la central. Además, claro está, de su aportación a la red eléctrica nacional.
Pero hay una cara menos amable. La central llegó a estar entre las diez más contaminantes de Europa. La invasión del muelle carbonero en medio de la Ría de Ferrol, la escombrera, la contaminación de la producción energética o no invertir en el transporte por ferrocarril del carbón produjeron un impacto ecológico evidente.
Hoy en día, los requerimientos medioambientales inciden en la descarbonización de la actividad económica. La térmica de As Pontes lleva veinte años reduciendo su impacto y está visto que no es suficiente. Sólo se logrará cumplirlo con su cierre definitivo. Es la cruda realidad.
Ahora bien, la transición energética no puede dejar cadáveres por el camino. Por desgracia, en estos lares estamos curtidos en reconversiones, como es el caso del naval. Si de aquella todo el peso lo soportaron los trabajadores ya que el sector empresarial y el financiero, como las cajas de ahorros, miraron para otro lado, al contrario de la implicación de estos en la exitosa reconversión industrial del País Vasco, ahora no tenemos ni entidades financieras públicas ni empresarios industriales capaces a los que acudir. En esas estamos.
Pero las compensaciones hay que exigirlas. La central de ciclo combinado y el nuevo paisaje creado con la recuperación de la escombrera y el lago artificial son buenos ejemplos.
 Queda la compensación final. Hay que sustituir la actividad económica actual por otras nuevas. Si soportamos los desastres provocados in situ por la generación eléctrica no se puede levantar campamento y dejar todo arrasado. Endesa, Gobierno de España y Xunta de Galicia tienen mucho que indemnizar a esta tierra.
ramonveloso@ramoveloso.com

Que el futuro no sea humo