Carta a mi reina

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Estimada Sra. Leticia Ortiz: De plebeya a ex-plebeya, creo que a estas alturas ya es consciente de que su marido se ha juntado con malas compañías. Asesores, validos, aspirantes a coleguillas, como quiera usted llamarlos, que lo han puesto a los pies de los caballos. ¿Qué necesidad tenía él de convertirse en el blanco de muchas iras?  Yo, antimonárquica hasta la médula, ya ni me acordaba de que era súbdita. Los malos políticos, esos que no entienden que las democracias se basan en el diálogo y en los acuerdos, le están enfrentando al pueblo, el cual, enarbolando banderas de distintos colores, es capaz de matarse por una tierra que no es suya. Y lo que más me duele Sra. Ortiz, es que esos mismos, patriotas de un lado y del otro, apenas se movilizan cuando se trata de defender los derechos de las personas. Se dejan manipular como teleñecos y se encaran trabajadores con trabajadores en vez de hacer frente al amo, y no me refiero a su cónyuge, sino a aquellos que como única patria tienen a don dinero. ¿Cómo no le advirtió? ¿Será que usted sigue siendo republicana? 
 

Carta a mi reina