Dos balances demoledores

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HA transcurrido un poco más de un año desde las elecciones municipales, un poco menos desde que Xulio Ferreiro, el Varoufakis de A Gaiteira, fue investido alcalde, y el desencanto por la gestión de los mareantes es cada vez mayor entre los coruñeses. Los hoteleros, por ejemplo, reconocen que las esperanzas de cambio se han desvanecido por completo; las primeras reuniones que mantuvieron con la xente do común les hicieron ser optimistas de cara al futuro, pero desde hace meses son conscientes de que esas ilusiones nunca llegarán a hacerse realidad. Los vendedores de los mercados tampoco están especialmente felices con la Marea, nasía pa’ganá. Solo una mínima parte mantiene la sonrisa; la mayoría, la amplísima mayoría, está a punto de romper a llorar. Ahora bien, sus portavoces aún mantienen la retranca y aseguran que si tuviesen que calificar la labor desarrollada por el Gobierno local habría que ponerle una matrícula de honor, pues consiguió algo inusitado, aunque muy bien meditado, quebrar su unidad, la de los placeros. ¡Cómo está el patio!

Dos balances demoledores