Confucio rules

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Yo tengo un trabajo. Igual se creen que vivo de publicar libros y libros bajo un aparente pseudónimo, pero no. Hasta que ese milagro tome forma de tomo editorial, tengo un trabajo. No hay más que hablar. Y lo que tengo también es el cielo ganado, porque es de cara al público. 
Confucio decía que debías elegir un trabajo que te gustase y así no trabajarías en la vida. Eso es porque no conocía a mis clientes ¡Menuda fauna! Y me están quitando verdaderamente la salud... Está el conocido como “el deportista” porque entrena bien duro para ser el mejor regateando. Da igual lo que te pida: rebaja en el precio, un accesorio extra, descuentos en otros productos, que le vayas a limpiar el piso Martes y Jueves... él todo lo que pueda sacar, lo intenta sacar. Aunque sea a ti, de tus casillas. 
Nos encontramos también con “el desconfiado”: ese cree que eres capaz de vender hasta a tu madre –y ni mucho menos, porque yo eso a Gelis no se lo hago que está muy feo– pero se ve que él sí es así de miserable y por eso te pregunta por qué necesita cada cosa que le ofreces y te pone cara de inspector de Hacienda a cada papel que le sacas para firmar. 
Otro tipo son “los tecnológicos”. Quieren lo último, vinculado a lo último, con posibilidad de tecnointeractuar con lo último, con control remoto mediante la App ultima... y lo que siempre dejan para lo último, es pagar. 
Ya me olvidaba del “mitómano bipolar” o, lo que es lo mismo, uno al que se le va la olla y miente más que habla. Un día todo va genial, tú haces un trabajo estupendo, el producto es lo más y suenan violines al cierre de venta. ¿Al otro día? Nada va bien, tú eres una incompetente a la que deberían de invalidar laboralmente, no ha visto cacharro más inútil en la vida y la compra te la va a hacer pichi. A su familia le cuenta lo opuesto. Y al día siguiente, por supuesto, le damos la vuelta al discurso y volvemos a empezar. Unido a este va otro caso, aunque menos patológico. Yo lo llamo “El Ricky Martin”. ¿Se acuerdan de aquella canción: “1, 2, 3 un pasito p’alante Maria 1, 2, 3 un pasito p’atrás”? Pues igual. Indecisos. Un día que se lanzan a la compra, otro que no. Y tú rezando a San Judas Tadeo, patrón de las causas perdidas, que el pobre conmigo es que no da abasto... 
Y a pesar de todo esto y aunque por días piense en mezclar diazepam con tequila, hay clientes que son muy guays. Que entran siempre con una sonrisa en la boca, que se acuerdan de tu cumpleaños, que pasan a contarte la última historieta que les ocurrió o que te recuerdan lo guapa que estás con ese pintalabios. Así que por todos ellos, mañana me levantaré otra vez y volveré a abrir esa puerta para que de nuevo tengamos otras 8 horas de función. Gracias, sois lo más. 
 

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