BROTES VERDES

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Me pasa como a la economía: me están saliendo brotes verdes. Aunque no diré dónde. ¡Estoy ilusionado! Que a mi edad me salgan brotes verdes es la leche. ¿Será un renacer a la pubertad? No me atrevo a ir a un médico y pedirle opinión, no sea que me diga que lo que me brotó es musgo, hongos o líquenes, no el regalo de una nueva primavera, y me amargue.
Quizá debería recabarla de los magos del Gobierno, y preguntarles si las fórmulas mágicas que ellos aplicaron al desastre de la crisis tiene relación con el nuevo renacer de mi esperanza. Pero viendo que la economía real del pueblo pende fláccida, tampoco me atrevo. Mientras, todos los días miro al sur (el geográfico y el relativo mío), por si el sol nace en el horizonte por allí, vivificando todos los brotes verdes y consigue elevar sus tallos en el aire, como dicen que pasará, de una puta vez. Seis millones, y yo, estamos esperando. ¡Qué ilusión!

 

BROTES VERDES