El muerto al hoyo

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“En el caso de que el difunto hubiera dispuesto la cremación y dispersión de sus cenizas en la naturaleza por razones contrarias a la fe cristiana, se le han de negar las exequias. Lo dijo un cardenal que sabe de la cosa.
Y digo yo: ¿Qué culpa tiene el muerto de lo que hagan con él, cuando la iglesia almacena restos macabros? El cardenal no dice ni pío. Tienen huesos de todo cristo (bueno, de Cristo no), catorce “gorros” del pilín de Jesusito, la tibia del “cañoncito” de San Puskas, creo; astillas de una cruz para montar siete completas, y hasta una sábana sin lavar, por santa que sea. Aparte, no creo rentable renunciar a ingresos funerarios en plena crisis económica, cuando muchos cativos no son bautizados ni hacen la comunión, otros no se casan por su rito, pero cascar, casta todo dios.
Una fuente segura de estipendios. Como tener socios de un club. De estas cosas no entiendo un pijo pero, estoy seguro, prefiero el bollo.

El muerto al hoyo