Las cárceles holandesas son la envidia de España

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HOLANDA es un país peculiar, tanto que prohíbe que se celebren carreras de coches y de motos los domingos para que el ruido no moleste a quienes están descansando; tiene también unos bares a los que llaman coffee shops, donde los parroquianos en vez de tomar un café o beber una cerveza se ponen ciegos de porros e incluso en Ámsterdam cuentan con un barrio, denominado rojo, en el que las prostitutas se exhiben en escaparates. Pero además ahora al Gobierno le ha dado por convertir las cárceles en oficinas y en centros para refugiados y todo porque no tienen presos suficientes para llenar las celdas. ¿Alguien se imagina una situación similar en España? Imposible y menos ahora que los jueces preparan ingresos en prisión de la segunda hornada de republicanos catalanes.

Las cárceles holandesas son la envidia de España