XAVIER MAGALHAES

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La emoción está en el color y la ligereza en la línea; así podría resumirse, sintetizando su pensamiento, el ideario plástico de Xavier Magalhaes (Pontevedra 1953), que expone en Arte Imagen, y del que Francisco Pablos dijo que es un “creador libre, incapaz de sujetarse a sistemas”, lo cual corrobora el propio pintor, cuando afirma que “el creador tiene que ser poroso…; tiene que dejar pasar las emociones de la vida a través de si mismo…”.

Entonces, cuando la intensidad de un instante se apodera de la mano, la línea se pone a danzar, en una continua metamorfosis: de flecha pasa a gato, de gato a árbol, de árbol a humano, de humano retorna a las insinuaciones vegetales…

Y va caligrafiando, así, una aventura que sólo pasa en el interior del artista y va signándose en el continuo ir y venir o en el devenir del trazo; ya irguiéndose, ya buscando la horizontal, ya curvándose o escorzándose o poniéndose recta como un huso o un tronco de abedul; y en el viaje se encuentra con los campos de color que se enrojecen al atardecer o azulean en las lejanías o se visten de albas turbias o de verdes de paraíso; y también se encuentra con las sombras, con esquemáticas formas de humanos, a cuyas cabezas y cuyos vientres penetra para hacerles partícipes de su sueño; y se encuentra con muros, con puertas, con ventanas y también sueña trampolines con que alzarse hacia las estrellas. Ya veces ella misma dibuja los paisajes y pasajes por los que discurren huidizas formas o se agitan verduras o emergen mares atravesados de inquietas ondas. Y entonces reconoce la odisea de su pasar y se lleva consigo a los seres que encandila y que con ella persiguen horizontes y fabrica un territorio marino por el que pueden navegar los Argonautas, esos que van buscando el Norte.

Plural, inquieto, inesperado, pero firme y rotundo, es el trazo de X. Magalhaes que, convertido en esquema mutante, lo mismo sirve para evocar la pintura parietal del Neolítico, con sus ahiladas filas de cazadores, que para expresar la lucha de una raicilla que emerge del suelo o para cantar artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Consciente de esta pluralidad, que emerge libre en el espacio del soporte, sea papel o lienzo, él ha plantado, en su muestra, un “Bosque de favilas” , con sus dibujos o bocetos, que se alzan sobre estilizadas barras de hierro, en su anhelo de agitarse en el aire, como lo hacen las copas de los árboles.

 

XAVIER MAGALHAES