Pensionistas y feministas

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Mientras en Cataluña se juega a política ficción, vivimos estos días entre el particular 15-M de nuestros pensionistas y el anuncio de una inédita huelga feminista. Unos reivindicando la revalorización justa de sus pensiones y otras exigiendo el fin de la discriminación de género.
Es evidente el hartazgo de amplias capas de la sociedad y ahora lo exhiben los 9,5 millones de pensionistas y una parte importante de las 23 millones de mujeres españolas. 
Las pensiones sufren tres hándicaps: las actuales están sometidas a una pérdida de poder adquisitivo por la limitación a su actualización, el valor de las futuras padecen la incertidumbre del endurecimiento de las condiciones de acceso a las mismas y todas las decisiones que pueda adoptar la Comisión parlamentaria del Pacto de Toledo, especialmente después de las frívolas declaraciones de la Presidenta de la Comisión, la simpática Celia Villalobos, animándonos a sustituir la pensión pública por un plan de ahorro privado a la vista de que vivimos demasiado.
Llegados aquí, es bueno recordar un par de cosas. Primero, quienes sostenemos las arcas públicas somos los de la nómina. El peso de las rentas del trabajo en el IRPF y la recaudación de IVA por el consumo son la mayoría de los ingresos fiscales de este país; segundo, a nadie se le oculta que el sector financiero y el del seguro llevan mucho tiempo intentando darle un bocado a los 110.000 euros de los ingresos por cotizaciones sociales. Por eso, es justa y oportuna la exigencia de los pensionistas actuales y la concienciación de los futuros para que nuestros parlamentarios se dejen de pamplinas y recuerden quién hace posible el sostenimiento de las arcas públicas.
Con respecto a las mujeres, supongo que la mayoría convendrá conmigo que sufren variados tipos de maltrato. Desde el doméstico silencioso, pasando por las vejaciones, desprecios y discriminaciones sociales hasta las marginaciones laborales, tanto con remuneraciones más bajas que los hombres como con insuficiente promoción dentro de las empresas.
Seguro que la huelga feminista no se circunscribirá en exclusiva al ámbito laboral. Muchas de las que no tienen trabajo, o incluso renunciaron a la ocupación remunerada para cuidar de su familia y sus dependientes, la secundarán en su ámbito para que todos entendamos de qué estamos hablando.
Otros colectivos tienen problemas, incluso transversales a estos dos, como la juventud. 
Por eso, ojalá que las protestas de pensionistas y mujeres despierten nuestras conciencias.
ramonveloso@ramonveloso.com
 

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