JONAS JONNASON

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Ya lo adelanté en mi artículo de la semana pasada. Mencioné que estaba leyendo un libro de un autor sueco llamado Jonas Jonnason que me estaba resultado muy entretenido. El libro en cuestión se titula “El abuelo que saltó por la ventana y se largó” y ahora que ya lo he terminado, aunque es más apropiado que utilice el verbo “devorar”, les puedo recomendar su lectura.


El sentido del humor inteligente y el uso de la ironía se merecen ocupar un espacio en nuestras mesillas de noche. Del libro de Jonas solo puedo decir que te descojonas. Ya ven que hasta me sale la vena poética. La historia se basa en un enredo cada vez mayor que se inicia con un anciano que va a cumplir cien años y precisamente el día de su cumpleaños se escapa del asilo en el que reside, dejando plantado al alcalde de la localidad y a la prensa. A partir de ahí se inicia una historia rocambolesca con flash backs de su centenaria vida, en la que toma contacto con personajes históricos como Franco, Stalin o la esposa de Mao Tse Tung, entre otros.


Nuestro protagonista, que tiene un sentido común envidiable, se deja acompañar con otros personajes anónimos de dudosa moralidad, que con sus actos y omisiones, provocan una serie de consecuencias demoledoras. Llega un momento en el que el lector pide a gritos que alguien pare a este viejo. Pero me quedo con aquella parte de la historia en la que conoce a dos auténticos encefalogramas planos vivientes, Herbert y su esposa balinesa. Me recordaron a Zapatero y a alguna de sus ministras. Supongo que el autor, al ser sueco, no llegó a dominar la política española de los últimos ocho años, pues de lo contrario pensaría que se había inspirado en ellos para redactar algún capítulo.


En el libro se demuestra un hecho empírico; no se le puede dar poder a los mediocres. Un borric@ con dinero únicamente sabe gastarlo mal y otro borric@ con poder de decisión, únicamente puede llevar a la ruina a todos los demás. Y por supuesto, la culpa siempre la tendrán los que, a posteriori, vengan a remediar el desaguisado. ¡Vaya, al final siempre acabo hablando de política!

JONAS JONNASON