Una voz monocorde

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La Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) es una asociación sin ánimo de lucro constituida hace veinte años e integrada por un total de setenta y cinco centros de educación  superior: cincuenta públicos y veinticinco privados. Se autodefine como el principal interlocutor de las Universidades con el Gobierno central y como la voz de las mismas tanto a nivel nacional como internacional. Casi un monopolio.
Sucede, no obstante, que, a la vista de sus comparecencias públicas, se trata de una voz un tanto monocorde y unidireccional: sólo se alza en contra del Gobierno. A más de uno, sin embargo, le cuesta creer que en un colectivo tan numeroso como el que comentamos no haya voces o minorías discrepantes. Dicen que “habelas, hailas”. Pero lo cierto es que no se manifiestan. 
Ahora, ha aprovechado la proyectada nueva regulación de becas y ayudas de cara al curso que viene para alzar su monótona voz contra los propósitos del Gobierno al respecto y contra la política general del ministerio en pleno tiempo preelectoral. Una especie de enmienda a la totalidad y un balance de esos tan frecuentes hoy día donde no queda títere con cabeza. Debidamente escenificado todo, por supuesto. Así, la CRUE ha vuelto a aparecer como un altavoz más de cuantos, bajo ropaje institucional, la izquierda política mantiene activados en múltiples ámbitos.
Los rectores han vuelto a repetir sus endebles argumentos del año pasado en favor de rebajar al mínimo los requisitos académicos exigibles. Ya de entrada, establecer como nota mínima un 5,5 para acceder a la matrícula gratuita les parece excesivo; casi un esfuerzo sobrehumano. 
Ponen en cuestión que los contribuyentes que la sufragan tengan derecho a requerir un pequeñísimo plus sobre el 5 pelón marcado para aprobar una asignatura y seguir curso. Y ello a pesar de que se ha demostrado que el alza de los requisitos académicos aumenta el esfuerzo y eleva el rendimiento de los alumnos becados. En todo caso y digan lo que digan los rectores, el becario es algo más que un alumno común y las exigencias académicas, por tanto, podrían y deberían ser mayores.
Pues bien, dentro del galimatías en que se está convirtiendo el sistema educativo, donde cada Administración viene a hacer hace lo que –por decirlo finamente– cree oportuno, aun así hay algunas comunidades que van a becar a quienes no llegan ni a ese tan elemental listón. Entre ellas, la nuestra.
Dice el conselleiro Jesús Vázquez que el alumno que quiera estudiar y “es bueno” no quedará fuera del sistema universitario por cuestiones económicas. Perfecto. Pero salvo en casos excepcionales y muy puntuales, ¿un alumno que no llega ni al 5,5 puede ser considerado como académicamente “bueno”? Yo no diría tanto. 

Una voz monocorde