Barco, vigía, piratas

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Desde Génova enviaron el último prontuario a sus comilitones y, a la vez, a sus terminales mediáticas para repetir, como viejo argumentario, el aburrido recurso de “la herencia recibida”.
Pero esta vez adornada con una parábola náutica. Y es que, según la máquina de ideas del Partido Popular, ellos recibieron un barco sin motor, con una gran vía de agua y una tripulación de ineptos. Gracias a su esfuerzo y la justa ayuda del Apóstol, Santa Rita, Mariano de timonel y Montoro en la sala de máquinas, salvaron al barco, que ahora marcha viento en popa y a toda vela hacia el jardín de las mil maravillas con un cargamento de oro que será repartido entre la ciudadanía fiel que aplaude el esforzado viaje.
¿Les recuerda la hazaña lo del “Prestige”? Aquello que había que mandar al quinto pino: que nos dejó unos hilillos de plastilina que, al tiempo, se convertían en ladrillos una vez llegados al fondo del mar.
Pues es el mismo cuento y los mismos cuentistas.
Lo que ellos no cuentan es que el PP, con la inestimable ayuda del Gobierno, puso en práctica otra vez su conocida política. Y mientras en los naufragios prima lo de “los niños y mujeres primero”, para la tripulación de Rajoy primero eran los banqueros, después –o al tiempo– los financieros y enseguida la familia política, que incluye a los de los sobresueldos, los amnistiados y los alegres chicos de Gurtel, Pokémon, Orquesta etc. Aunque entre las víctimas queden los niños (tres de cada diez están malnutridos en España), las mujeres, los trabajadores, los estudiantes y los dependientes.
En la travesía de este barco, llamado España, se quedan cuatro millones de parados sin subsidio alguno y remando miles de trabajadores a los que la subida salarial media, contabilizada hasta abril fue del 0,56 por ciento mientras las veinte familias más ricas – que van en primera en este barco– acumulan tanto dinero como otros veinte millones de sus conciudadanos. 
El barco del cuento se dirige a los paraísos fiscales mientras los inspectores de Hacienda, que forman parte del decorado en la tripulación, aseguran que se defraudan setenta mil millones de euros al año, suficientes para mejorar las prestaciones sociales.
Y esto nos recuerda un chiste: subido al palo mayor un marinero grita: a la vista, la recuperación económica. Abajo alguien pregunta: ¿Quién puso al ciego de vigía? El mismo, le responden, que puso a los piratas.

Barco, vigía, piratas