Diálogo de besugos

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Por si alguien tenía alguna duda antes de que se produjera, la comparecencia de Rajoy para, supuestamente, dar explicaciones sobre los papeles de Bárcenas y la contabilidad paralela del PP, ha servido para muy poco.
Anuncios de más transparencia, negativas tajantes y el recurso de mezclar la supuesta actuación delictiva con el momento de recuperación en el que parece haber entrado la economía española, como si eso sirviera para demostrar que ni él ni el resto de los altos cargos de su partido cobraron sobresueldos que recibían en cajas de puros.
Pero, tal vez todavía más triste ha resultado el papel de la oposición. Una y otra vez la misma cantinela de solicitar la dimisión de Rajoy, como si eso fuera suficiente para depurar la vida pública española. Ni un ápice de autocrítica, ni un paso hacia un gran pacto que acabe con esas vías de financiación opaca que mantienen las formaciones, ocultas a todos los órganos de control.
Y mientras, en la calle, los ciudadanos con los dedos tapando la nariz para que el olor a cloaca que emana de las instituciones no les termine por hacer perder el juicio. Porque, no nos engañemos, el que está ahora en la picota es el PP, como antes lo estuvo el PSOE y como podría estar cualquier otro partido si un buen día se entrara a saco a analizar sus finanzas.
Esa es la sensación que tiene la mayoría de los votantes, que cada vez están más cansados de su papel de secundarios en una película de la que, en principio, tendrían que ser los grandes protagonistas. La Constitución, nacida en tiempos difíciles, otorgó a los políticos unos niveles de protección muy elevados.
Se hizo para evitar que se pudiera manipular la voluntad popular expresada en las urnas. Sin embargo, con el tiempo, todas esas garantías han servido para que una panda de chorizos desatados hayan robado todo lo que han podido mientras los partidos recogían las migajas de sus botines como medio de financiar sus pesadas maquinarias.
La política, por obra de estos mafiosos, se ha convertido en un negocio rentable en la que el kilo de favor cotiza caro y al alza, sobre todo para quienes dejan los escrúpulos en las cajas de seguridad de los bancos suizos.
Por eso, ayer, fueron legión quienes echaron de menos un gesto, por mínimo que fuera, y, una vez más, finalizaron decepcionados de lo que tendría que ser una reafirmación de la democracia y no fue más que un diálogo de besugos.

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