POR MÍ Y POR TODOS MIS COMPAÑEROS

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Como cada 3 de mayo, hoy se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Normalmente, es una fecha que los periodistas aprovechamos para echar la vista atrás y repasar lo que hemos avanzado –o retrocedido– y denunciar las agresiones que se producen en todo el mundo. Ya saben, esas listas de países en los que menos se respetan los derechos y en las que, según la última clasificación de Reporteros Sin Fronteras, China, Irán, Sudán o Libia, por decir algunos, no tienen ni una medalla. Por lo que parece, la libertad de prensa está directamente relacionada con la temperatura exterior y para que florezca es necesario que haga bastante frío, porque los campeones del mundo son Finlandia, Países Bajos y Noruega. España, que tiene clima templado, aparece en el puesto 34, con la vergüenza de figurar por debajo de Namibia o Cabo Verde pero con ese orgullo patrio que da ver por el retrovisor a países tan avanzados como Gran Bretaña o Estados Unidos. 
Cierto es que en España no se asesina a periodistas como pasa en México, ni se les encarcela como en China o se les secuestra como en Siria –aunque todavía hay tres compañeros, Antonio Pampliega, Ángel Sastre y José Manuel López, que siguen retenidos– pero también tenemos lo nuestro. La precariedad y el paro han golpeado con dureza a las empresas españolas pero la irrupción del periodismo digital y el cambio de modelo hacen que la crisis sea especialmente dura para el periodismo y para los periodistas. Hace unos días, Pablo Iglesias se lamentaba del trato que dan a Podemos los medios de comunicación, olvidando que fue precisamente gracias a ellos cómo logró llegar a obtener los resultados de las últimas elecciones. Además, pocas cosas hay que causen más desazón que ver a un político, sea del partido que sea, clamar por la libertad de prensa. Más que nada porque suele ser para que esa libertad repercuta, siempre, en su propio beneficio. Son los políticos los que utilizan a los medios a su antojo para atacar a su adversario y los que aducen “no es noticia” cuando cambian las tornas y el escándalo les toca en casa. Como si no marcaran bastante la agenda, ahora quieren también decirnos qué es noticia y qué no. 
A las críticas de los políticos, que nunca son buenos compañeros de viaje para los periodistas y con los que hay que mantener una prudente distancia de seguridad, hay que sumar estos días la amenaza de cárcel que pesa sobre dos compañeros de ABC, Cruz Morcillo y Pablo Muñoz, por publicar conversaciones de dos mafiosos italianos sobre Bárcenas. También está la negativa de Juan Luis Cebrián, presidente de Prisa, a que sus asalariados participen en tertulias de La Sexta, además de ‘despedir’ de la SER a Ignacio Escolar, director de eldiario.es, como represalia por haber publicado que su nombre se encontraba en los denominados papeles de Panamá. 
En este escenario, reivindicar la libertad de prensa y recordar el valor que tienen medios y periodistas sigue siendo necesario. Con nuestros defectos y carencias, en digital o en papel, es la mejor forma de tener una sociedad (bien) informada. Como en el escondite: brindo por mí y por todos mis compañeros. 

POR MÍ Y POR TODOS MIS COMPAÑEROS