De banderas

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Hay noticias cíclicas. La publicación de fotos de militantes de las juventudes del PP, brazo en alto y ondeando la bandera con el águila de San Juan, es pareja a la de militantes de la izquierda puño en alto agitando banderas republicanas o con hoces y martillos varios. La línea que separa las ideologías extremas es más tenue de lo que parece, sino que se lo digan a un tal Benito Mussolini o como diría el gran Muñoz Seca “los extremeños se tocan”. Dicho esto, una vez más hemos observado la hipocresía de los representantes del partido socialista, quienes se niegan a expulsar a sus afiliados, no tan niños, que acuden a las manifestaciones con la bandera republicana; bandera igualmente anticonstitucional y bajo la cual se cometieron los crímenes más horrendos. Basta visitar las más de 4.000 tumbas existentes en Paracuellos del Jarama y Bobadilla del Monte ocupadas por hombres, mujeres y niños que fueron acusados de ser de “derechas”. Tampoco es cierto que existiese inicialmente una legalidad republicana. En abril de 1931 los españoles fueron convocados para elegir a los alcaldes y concejales que los iban a gobernar en pueblos y ciudades. Socialistas y comunistas que se creyeron ganadores de las elecciones en las ciudades más importantes del país, dieron un golpe de Estado contra la legalidad democrática vigente, echaron al Rey y redactaron una constitución a su medida sin el consenso de la derecha y la pasividad del ejército y el poder judicial.
La misma mañana del 14 de abril izaron en los palcos de los referidos ayuntamientos las nuevas banderas que únicamente representaban su “ideología”, interrumpiendo una tradición de más de 200 años de identidad nacional; y todo ello sin la más mínima base de legalidad previa que lo amparase. Tres años después, y habiendo ganado las elecciones generales los partidos de derechas, dieron un golpe de estado con muertos en Asturias, y otro menor en Barcelona; y todo ello porque no admitían que bajo un gobierno de Lerroux hubiese cinco ministros de la CEDA. El resto ya lo conocemos, incendios en iglesias y monasterios, asesinatos y persecuciones contra miembros del clero y diputados como Calvo Sotelo, líder de Renovación Española, partido al cual perteneció y permítanme la licencia, el abuelo del que les escribe.

 

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