NO CULPABLE

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La justicia es tan imperfecta como los hombres que la imparten. Las leyes y las pruebas son interpretables y no están libres de la subjetividad de quienes deben analizarlas. Tampoco lo están los veredictos, que a menudo recibimos como una opinión más que como una verdad absoluta.

Nos resulta imposible acatar en silencio el fallo sobre una causa de la que hemos decidido nuestra propia sentencia. Tan válida en nuestra realidad como la que dicten los miembros de un jurado popular, ciudadanos anónimos con las mimas filias y fobias que nosotros.

Lástima que esa futura ley de transparencia no sirva para penalizar los actos de los que han sabido retirarse a tiempo

 

Francisco Camps es no culpable. Cinco votos frente a cuatro dejan libre de pecado al expresidente de la Generalitat valenciana. Cinco personas no encontraron pruebas suficientes de que los trajes del mandatario saliesen de las arcas de la trama Gurtel.

Tampoco este pudo demostrar que los hubiese pagado de su bolsillo. Pero en caso de duda, la balanza se inclina hacia la presunción de inocencia. Al menos en esta ocasión. El resto de los regalos, esos que se agradecieron por teléfono con un “te has pasado veinte pueblos”, no se llegaron siquiera a enjuiciar.

Tampoco la relación de amistad con uno de los principales acusados, esa que Camps negó ante el tribunal pero que en su momento refrendaba con unas manifestaciones de afecto que algunos no dedicamos ni a los de nuestra propia sangre. A los documentos que reflejaban el trato de favor a empresas de la red de Correa, pruebas en sí mismos, se les dio menos valor que a los recibos de compra nunca aparecidos de los trajes. Quién sabe por qué.

Más allá del resultado de la votación del jurado hay quien se plantea, ahora con más insistencia, la importancia del delito juzgado. Recibir un par de prendas de vestir no es nada comparado con las atrocidades en forma de fraudes y prevaricaciones de las que tenemos noticia casi a diario. Es cierto. El caso de los trajes es una nimiedad. Pero es un hilo del que tirar. También a Al Capone lo encarcelaron por evasión de impuestos siendo el rey del hampa.

Lo importante, lo sabemos, es que hay una comunidad en quiebra y una gestión irresponsable y más que sospechosa. Pero esa cuestión nadie la investiga. Quizá porque no puede o quizá porque no quiere.

Y hay un expresidente de esa comunidad que sale del juzgado pulgar en alto, satisfecho con su triunfo. Lástima que esa futura ley de transparencia no sirva para penalizar los actos de los que han sabido retirarse a tiempo.

NO CULPABLE